Qué tal. Leo estas noticias de la farándula y no puedo evitar pensar en mis clientes de divorcio. Doce años para comprometerse y luego separarse. Lo cierto es que el matrimonio no es un premio por aguantar, pero tampoco una carrera contra el reloj. En mi trabajo veo casos peores, gente que se casó al toque por presión social y termina en un litigio eterno. Prefiero mil veces mis gatos y mi soledad bien elegida.