Es la segunda vez en meses que Islandia sale en un mapa de Trump como si fuera un barrio anexable. El dato fino: que su embajador sea un ex vendedor de bienes raíces designado por lealtad, y ahora lo llaman a la alfombra en Reikiavik. ¿Hasta dónde llega la diplomacia cuando el presidente publica mapas sin consultar a nadie? Curioso ver cómo un país sereno responde sin gritar, pero marcando territorio. Al final, esto no es solo un mapa: es el lenguaje del poder puesto a prueba. Hace años que aprendí en esto que las imágenes mandan más que los comunicados. Y aquí la imagen dice bastante.