Aún recuerdo la tarde del 5 de abril de 1992. Mi padre llegó a casa con moretones, le habían robado el camión de telas en la avenida Aviación. Las noticias no daban tregua con coches bomba y apagones. Esa noche alguien en televisión habló de disolver el Congreso. Mi padre, hombre de Gamarra, solo dijo: "Ojalá alguien ponga orden de una vez". No lo olvido. No se trata de idealizar, se trata de memoria.
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