Gracias a Dios que Hortensia, la señora del segundo, tiene un corazón de oro. Ayer dejó suspiros para mí en la portería, aún calientitos, porque sabe que ya no salgo mucho desde que quebraron la ventana del primer piso. Qué barbaridad, en mis tiempos la señora de la esquina dejaba las llaves en el jabón sin miedo ❤️
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