Para cualquier persona que supere los 30 años, navegar hoy por comentarios en TikTok, Instagram o X puede sentirse como descifrar un idioma extranjero sin traductor. Lo que a primera vista parece una secuencia aleatoria de chistes sin sentido, es en realidad un ecosistema lingüístico y social perfectamente codificado por la Generación Z. Este grupo representa más del 30% de la población mundial, según estudios de Bloomberg y Kearney respaldados por proyecciones de la ONU. Se caracteriza por un consumo de información acelerado e hiperpersonalizado donde el humor irónico es lo más importante. La velocidad de sus fenómenos es tal que instituciones centenarias han tomado nota: el prestigioso Oxford English Dictionary e iniciativas de la Fundación del Español Urgente (FundéuRAE) rastrean y incorporan este lexicón digital en sus radares. A diferencia de jergas pasadas, estas palabras nacen en una noche, se globalizan en días y mutan constantemente. La brecha generacional ya no se mide en gustos musicales, sino en la capacidad de interpretar el algoritmo. Uno de los conceptos más extendidos en la conversación juvenil estas últimas semanas es el de "farmear aura". El término proviene directamente de la cultura del gaming, donde farmear describe la acción repetitiva para acumular recursos o experiencia dentro de un videojuego. Llevado a la vida cotidiana, "farmear aura" implica realizar acciones, adoptar actitudes o mantener una compostura imperturbable ante situaciones complejas para acumular reputación o carisma (los llamados "puntos de aura"). Si alguien resuelve un problema con elegancia sin perder la calma, está farmeando aura. Por el contrario, tropezar en público o intentar impresionar sin éxito resta puntos. MIRA: Ivalú Acurio, la hija de dos íconos de la gastronomía que sigue sus pasos y hoy lidera siete locales en Suiza.

Aunque gran parte de estos códigos nacen en la virtualidad, la Generación Z demostró una capacidad inédita para trasladar el absurdo digital al mundo físico mediante los Lookalike Contests o “concursos de clones”. Lo que comenzó en Nueva York como una convocatoria informal para buscar al doble del actor Timothée Chalamet se transformó en una tendencia global replicada en capitales de todo el mundo. De pronto, cientos de jóvenes se convocan en parques públicos para premiar al mejor parecido de celebridades. Un claro ejemplo de esta apropiación territorial ocurrió en Bogotá, donde los usuarios armaron una convocatoria viral para encontrar al “doble” de la versión juvenil del ex candidato presidencial Iván Cepeda tras viralizarse fotos de su juventud. Estos encuentros no buscan la precisión; el verdadero incentivo es la convivencia presencial, la ironía compartida y el valor de formar parte de la creación de un meme en vivo.

El fenómeno escaló a tal nivel que trascendió la pantalla para convertirse en un espectáculo en vivo: tras masivas convocatorias en Argentina y Brasil, el concepto dio el salto a Europa con eventos como las primeras “Batallas de Aura”, donde cientos de jóvenes se reúnen en plazas públicas para batirse en duelos visuales, demostraciones de estilo y posturas imponentes frente a jurados improvisados. Perú no ha sido la excepción, y las redes sociales estallan en clips de escenas de reconocidos personas que “farmeaban aura” sin saberlo.

Hace unos días el Museo Metropolitano de Lima fue escenario del concurso “farmear aura”, una actividad que reunió a jóvenes de varios distritos. El evento generó curiosidad entre los asistentes y llamó la atención por el uso de este término, popularizado en redes sociales. Es preciso mencionar que hay canciones específicas para acompañar los videos de farmear aura como Metamorphosis de INTERWORLD, After Dark de Mr.Kitty, Aura de Ogryzek y Polozhenie.

Las primeras convocatorias se han realizado en el Parque Kennedy (Miraflores), consolidando una nueva forma de interacción social donde lo digital se materializa en espacios físicos. En este contexto, la competencia visual se vuelve un ritual comunitario donde no importa si se gana o pierde; lo que cuenta es la participación activa y la validación del grupo frente a las lentes de los teléfonos móviles.

La viralización de estos desafíos ha creado una cultura efímera pero potente, donde las plazas públicas se convierten en escenarios para performances artísticos impulsados por algoritmos. Desde la búsqueda obsesiva de dobles hasta las batallas de aura, lo que define a esta generación es su habilidad para convertir conceptos abstractos en eventos tangibles.

La participación masiva demuestra cómo el humor y la sátira pueden organizarse bajo una estructura comunitaria sólida. Ya no se trata solo de consumir contenido, sino de producirlo físicamente, invadiendo espacios urbanos con ideas nacidas en plataformas digitales. Esta evolución marca un hito importante: la generación Z no solo consume memes, los vive en tiempo real.

Cada evento, desde el Museo Metropolitano hasta las plazas de Miraflores y Bogotá, confirma que lo virtual tiene ahora una proyección física imparable. Las canciones de fondo, como las mencionadas anteriormente, actúan como banda sonora oficial de estos momentos efímeros que pronto serán historia.

¿Y el ‘Six Seven’ que llegó hasta el Vaticano?

La velocidad de estas tendencias es tal que las estructuras de poder tradicional intentan subirse a la ola para no perder relevancia. Un caso insólito fue la viralización de muletillas absurdas como 'Six Seven', una frase rítmica y sin significado conceptual directo que inundó las redes sociales como un chiste de repetición e identificación colectiva.

El fenómeno alcanzó tal punto que creadores de contenido, marcas multinacionales e incluso estrategias de comunicación institucional comenzaron a hacer alusión a esta muletilla. Este cruce entre la solemnidad institucional y el humor absurdo de internet refleja una verdad ineludible: para conectar con las audiencias menores de 25 años, el poder debe aprender a hablar su mismo idioma, aunque no lo comprenda del todo.

Tal como lo hizo el Papa León XIV durante su visita a España al hacer mención a la frase. Este hecho demuestra cómo lo digital ha permeado incluso los círculos más formales de la sociedad global.

¿Qué es el movimiento 'Therian'?

Dentro de esta vasta red de subculturas emergentes, el movimiento Therian (o teriantropía) captó la atención de sociólogos y antropólogos urbanos. Se trata de jóvenes que afirman sentir una conexión profunda, espiritual o psicológica con animales no humanos.

A través de plataformas como TikTok, los therians comparten videos luciendo máscaras artesanales, colas sintéticas y practicando quadrobics. Esta disciplina deportiva no oficial consiste en imitar los desplazamientos, saltos y trotes atléticos de felinos o cánidos a cuatro patas.

Más allá de las miradas de desconcierto de los transeúntes en los parques, para la Generación Z este fenómeno representa una forma de exploración identitaria. Es un sentido de pertenencia y expresión artística en una era sobreexpuesta a la norma social. @inkomodas_ SE VIENE REPORTAJE COMPLETO #elecciones2026 #ivancepeda #mujeres #colombia #melajuegoporlavida ♬ Get Ready - Steve Aoki Vocal Radio Edit - 2 Unlimited En ese sentido, entender a la Generación Z no exige memorizar términos efímeros, sino comprender un cambio de paradigma: frente al estrés financiero y la sobreinformación, los jóvenes responden con ironía y humor absurdo. No se trata de una falta de sentido, sino de construir nuevas microcomunidades digitales donde surgen expresiones como el «six seven», una muletilla rítmica que genera complicidad inmediata en las plataformas. Frente a la incertidumbre moderna, también florecen conceptos como «farmear aura»: realizar acciones con estilo para acumular respeto social, algo que impulsó eventos presenciales como las Batallas de Aura. Su contraparte es «perder aura», cuando un error torpe o una impresión fallida resta prestigio dentro del grupo. Otra tendencia relevante son los Therians, integrantes de una subcultura que manifiesta una conexión espiritual con animales mediante máscaras e indumentaria específica. Además, practican el quadrobics, movimientos atléticos a cuatro patas diseñados para fortalecer la unión entre cuerpo y naturaleza. Estas prácticas reflejan cómo la juventud actual busca identidad y pertenencia en un entorno digital complejo. Finalmente, comprender estas dinámicas requiere observar no solo las definiciones aisladas, sino el contexto cultural que las nutre: la necesidad de crear sentido colectivo frente a la volatilidad del mundo actual. Así, términos como farmear aura o ser therians dejan de ser simples modas para convertirse en herramientas de expresión y resistencia ante un entorno saturado de información y presión económica constante.

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