En un momento donde la narrativa personal es cuestionada por su abuso, surge Tres maneras de morir, de Luis Eduardo García. Su obra utiliza la primera persona no como efecto literario vacío, sino con una profundidad vital indispensable para crear buena literatura. El autor, originario del Piura pero radicado en Trujillo desde que comenzó su carrera como docente y periodista, ha logrado consolidar allí toda su trayectoria.
Hace apenas dos meses lanzó esta tercera novela por la editorial Seix Barral. La historia sigue a Facundo Montiel, un hombre de 60 años que viaja para despedir al padre recién fallecido. Durante este trayecto, los recuerdos actúan como el combustible necesario para su catarsis existencial. Es notable destacar que esta es una de las pocas novelas peruanas donde la voz en primera persona se emplea por necesidad expresiva auténtica y no como un simple recurso de efectismo.
Ante nuestra pregunta sobre su faceta narrativa frente a la poesía, García responde: "Desde joven me atrajo enormemente la poesía. Pero nunca dejó de interesarme la narrativa". Añade que realizó "algunos tanteos un poco fallidos" antes de sentirse seguro con las técnicas aprendidas para abordar textos más largos. El escritor señala otro factor crucial: la experiencia de vida proporciona las fuentes necesarias para desarrollar los temas deseados, permitiendo así una escritura enriquecida y necesaria.
Esta novela demuestra que el registro del yo puede ser una herramienta potente cuando se aleja de la egolatría y busca conectar con la realidad humana a través de personajes complejos como Facundo, quien encuentra en su duelo el motor para transformar su dolor en arte.
- Tres maneras de morir es una novela sobre el duelo, tal como sugiere su título. Facundo Montiel enfrenta la muerte de su padre y esa experiencia lo lleva a revisar los duelos que han marcado su vida. Muchos escritores han escrito sobre el tema, pero yo no quería vaciar arena sobre arena. Entonces, enfoqué la historia en un hombre de 60 años que ha conseguido todo, pero que aún tiene cicatrices y heridas interiores. Sus duelos los enfrenta desde distintos ángulos: el esfuerzo físico, el tarot, la psicología y su propia racionalidad. - Un aspecto que me gusta es la verosimilitud. Creo que toda la literatura es autobiográfica. Todo lo que escribimos, casi siempre, parte de una experiencia real que luego acomodamos, esculpimos. La novela parte de una base real, al igual que mi anterior obra: El lugar de la memoria, que ganó el premio de novela del BCRP en 2022. - Así es. Para esta última novela, partí de la muerte de mi padre y de varias rupturas amorosas que al final son lo mismo. Mi protagonista recuerda mucho, tiene cosas que aún no ha arreglado. Está el tema de la crueldad, por ejemplo, que se ve en el niño que mataba mariposas. Eso era algo que persistía en mi memoria. Hace un toque dijiste que toda literatura es autobiográfica. Hay narrativa del yo en Tres maneras de morir. Me gusta el registro del yo, pero sin mirada egocéntrica. Escribir sobre la propia vida no implica centrarse exclusivamente en uno mismo; se trata de transformar vivencias personales en historias universales donde los personajes descubren sus propias sombras y luces a través de un proceso narrativo cuidadosamente construido para resuonar con cualquier lector que haya transitado por el dolor o la pérdida. «Me gusta el registro del yo, pero sin mirada egocéntrica», señala Luis Eduardo García. Como diría Martín Caparrós, hay que usar esta primera persona no para hablar necesariamente del yo, sino de cómo percibe la realidad. Desde este punto de vista se reduce la distancia con el lector; claro, es un tipo de literatura, aunque existen otras formas de contar. A mí me gusta contar desde este registro y la mirada intimista marcaba mi narrativa.
La novela «Tres maneras de morir», publicada por Seix Barral, explora esta dinámica a través del protagonista Facundo Montiel, quien reflexiona todo el tiempo sobre su vida, los libros leídos y los lugares conocidos. ¿Es también una novela existencial? Es existencial en la medida en que el personaje reflexiona sobre su propia experiencia de vida. Reflexiona mucho porque está más cerca de la muerte; solo nos quedamos con los recuerdos que más huellas nos dejan. A medida que iba escribiendo sobre Facundo, me di cuenta de que la entrevista de vida se enriquece con las lecturas. Aparte de ficción y poesía, leo mucho ensayo y filosofía.
Otro desafío fue escribir desde un personaje sentado en un vuelo a Madrid, donde acaba de morir su padre. Ese fue un reto importante. Facundo Montiel es un personaje muy vinculado con su presente; por eso, en sus reflexiones vemos temas relacionados con la actualidad. Era una manera de encontrar un contrapunto entre su memoria y lo que se está viviendo en el momento. La obra logra así equilibrar el pasado íntimo con las preocupaciones del ahora, permitiendo que el lector sienta esa cercanía emocional sin caer en un monólogo solipsista. El autor construye una narrativa donde la introspección personal dialoga constantemente con el entorno inmediato, demostrando cómo la literatura puede ser un espacio de encuentro entre lo vivido y lo experimentado colectivamente.
-Has enseñado a generaciones enteras, tus columnas en La Industria de Trujillo fueron muy leídas y has recibido reconocimientos como poeta. ¿Te consideras un narrador tardío?
—Siempre quise escribir narrativa. Pero cuando lo hacía, sentía que estaba atrapado en una camisa de fuerza. Me sentía encorsetado. Al menos eso me pasó: sientes miedo de expresarte libremente al escribir. Sentía que mi prosa era muy calculada, cautelosa. No se debía a razones morales; simplemente no tenía cómo expresar lo que quería decir. A eso se debe la demora y no me molesta ser un narrador tardío.
—Narrativamente soy tardío, pero la literatura, los libros y la poesía han sido una manera de estar en la vida. Creo que empecé a escribir narrativa con más libertad cuando decidí escribir de lo que conozco. Pero al final la espera ha dado resultados. Has ganado un premio de narrativa y Tres maneras de morir acaba de agotar su primera impresión. No estoy necesariamente reflejado en Facundo Montiel, aunque he usado algunas cosas de mi vida para contar su historia. Me gusta el registro del yo, pero sin mirada egocéntrica.
Con el tiempo he conseguido poder expresarme con libertad; siento que digo cosas cuando escribo. La demora no me afecta porque la literatura ha sido vital. Decidí escribir de lo que conozco para ganar esa libertad narrativa que antes me faltaba. El resultado es claro: un premio ganado y una novela que ya no está disponible en librerías. Facundo Montiel lleva mi experiencia, pero no soy él directamente.
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