Un enfrentamiento entre los integrantes del colectivo Huellas Molineras y las autoridades de la Universidad Nacional Agraria La Molina (UNALM) se desató tras la demolición de un espacio que durante años funcionó como refugio temporal para perros abandonados. Los voluntarios denuncian que la destrucción del lugar se realizó sin previo aviso y que la universidad no les ofreció una alternativa para reubicar a los animales. La institución, por su parte, justifica la acción argumentando que el espacio presentaba condiciones inadecuadas y que ya había un acuerdo con representantes del grupo para el retiro de los canes.

El conflicto se hizo público cuando estudiantes y voluntarios difundieron imágenes de la intervención en el campus. En el material se aprecia parte de la estructura del corral derribada y el retiro de objetos destinados al cuidado de los animales. Durante el reclamo, una representante del colectivo cuestionó qué pasaría con la comida, las medicinas y otros implementos que permanecían en el lugar. "¿Cómo lo vamos a registrar si todo en mayoría está llevándose el carro?", reclamó una de las integrantes. Ante los cuestionamientos, una autoridad universitaria respondió: "No me haga un teatro, por favor", expresión que generó críticas entre los miembros del colectivo y los usuarios que difundieron el caso en redes sociales.

Huellas Molineras asegura que el denominado corral grande no fue entregado por la universidad como un refugio acondicionado, sino que fue recuperado y habilitado progresivamente por estudiantes, egresados, voluntarios y familiares. Según el comunicado difundido por el colectivo, en 2012 el espacio era utilizado como basurero y botadero de desmonte. Con apoyo de voluntarios y gestiones ante las autoridades universitarias de aquella época, el lugar fue limpiado y acondicionado: colocaron piso, instalaron mallas y caniles, y lo transformaron en un espacio de resguardo temporal para perros mientras se buscaban familias adoptantes.

La agrupación sostiene que su labor comenzó a finales de 2011 como respuesta a la presencia de animales abandonados dentro del campus. Según su versión, los perros que han permanecido en la universidad no fueron llevados por los voluntarios de Huellas Molineras, sino que ingresaron por los alrededores o fueron abandonados en las instalaciones. En 15 años de trabajo, el colectivo afirma haber conseguido la adopción responsable de más de 100 animales. Además, señala que su labor no se limita a los perros, pues realiza campañas de esterilización de gatos que viven en la universidad, financiadas con fondos obtenidos por los propios voluntarios.

Los integrantes del colectivo aseguran que nunca estuvieron en contra de las obras de infraestructura de la universidad. Su pedido, según explicaron, era que se estableciera una alternativa antes de retirar a los animales. La demolición del refugio, que había sido construido por los propios voluntarios, dejó en evidencia la falta de diálogo entre ambas partes y la ausencia de un plan de reubicación para los canes que permanecían en el lugar.

Un conflicto en la Universidad Nacional Agraria La Molina (UNALM) se desató tras la demolición de un refugio para perros abandonados, gestionado por el colectivo Huellas Molineras. larepublica.pe La representante de Huellas Molineras aclaró que su postura nunca fue oponerse a la demolición: "Nosotros no hemos estado nunca en contra de la demolición. Estamos a favor de que la universidad siga avanzando, construyendo. Solamente pedíamos que nos escuchen, que nos respondan las cartas, que nos reubiquen". El reclamo se centra en la falta de diálogo y en la exigencia de una reubicación adecuada para los animales. El colectivo, integrado por egresadas de la universidad y vecinas de La Molina, denuncia que la administración no les informó sobre sus planes de retirar a los perros. Según su versión, las solicitudes de reunión y seguimiento presentadas desde finales de julio e inicios de agosto no recibieron respuesta oportuna, por lo que no tuvieron conocimiento de la decisión. Además, cuestionan la afirmación de la UNALM sobre un supuesto acuerdo para retirar a los canes en dos meses; los voluntarios aseguran que no estuvieron de acuerdo con ese plazo y que durante ese tiempo continuaron buscando hogares responsables y realizando actividades para financiar el cuidado de los animales. El punto central de la controversia es la reunión del 12 de agosto, en la que participaron el rector, integrantes de su equipo, una fundadora y dos estudiantes de Huellas Molineras. Según el colectivo, este encuentro ocurrió después de que, el día anterior, una camioneta llegara al corral con la intención de vacunar a los perros porque serían trasladados. Los voluntarios sostienen que no autorizaron ese traslado y que esa versión fue desmentida durante la reunión. En esa cita, las autoridades comunicaron que el traslado no se realizaría ese día, sino el sábado. Las representantes plantearon alternativas, pero, según el colectivo, no fueron aceptadas. Ellos argumentan que mover a los animales fuera del campus representaba un riesgo por la dificultad de hacer seguimiento en lugares alejados y porque no resolvería el problema de los abandonos dentro de la universidad. Por ello, solicitaron el acta de la reunión para verificar si realmente existió un acuerdo de traslado. La UNALM, en su comunicado del 14 de agosto, ofrece otra versión. Sostiene que durante esa reunión se planteó trasladar a los canes a otros espacios de propiedad de la universidad, donde podrían tener mejores condiciones de alimentación, atención, seguridad y bienestar. La institución asegura que esta alternativa fue aceptada por los representantes de Huellas Molineras en caso de que no se concretaran las adopciones. La universidad también señala que las nuevas autoridades tomaron conocimiento desde marzo de la situación de un grupo de perros que permanecía en un espacio reducido, con condiciones inadecuadas por la falta de limpieza y los fuertes olores. Afirma que inició reuniones con los integrantes del colectivo para buscar alternativas y que los propios representantes manifestaron asumir el cuidado de los animales mientras se concretaban las adopciones. Además, la institución indica que colaboró difundiendo campañas de adopción a través de sus canales oficiales. larepublica.pe larepublica.pe

La disputa entre la Universidad Nacional Agraria La Molina (UNALM) y el colectivo Huellas Molineras se centra también en el destino de los cinco perros que permanecían en los espacios intervenidos. Según la versión de la universidad, el 13 de agosto, alrededor de las 10 p. m., dos integrantes de la agrupación retiraron unilateralmente a dos canes sin coordinación con las autoridades. Horas después, aproximadamente a las 2.30 a. m., se habría intentado una acción similar, pero los involucrados fueron intervenidos por personal de seguridad. La institución añade que otros tres perros fueron retirados posteriormente por dos miembros del colectivo y cuestiona que, hasta ahora, no se conozca su paradero ni se pueda verificar las condiciones en las que se encuentran. Por ello, responsabilizó a las personas mencionadas por cualquier eventual daño o acto de maltrato que pudiera afectar a los animales.

Huellas Molineras ofrece una explicación distinta. En su comunicado, sostiene que el retiro de los canes se realizó precisamente porque los voluntarios temían que fueran sacados del corral y del campus sin aviso y trasladados hacia un destino que no conocían. "Lo hicimos porque nos importa sus vidas", afirma el colectivo al justificar su decisión.

La UNALM, por su parte, asegura que habían transcurrido más de cinco meses desde el plazo inicialmente planteado para retirar a los canes y estos continuaban en el mismo lugar. La administración señala que la situación generaba preocupación por el bienestar de los animales y que las condiciones fueron constatadas incluso durante una intervención de la Policía Nacional. Además, refiere que integrantes de la propia agrupación habrían alertado sobre el supuesto consumo de alcohol y estupefacientes por parte de algunos estudiantes en el espacio donde permanecían los perros.

En cuanto al proceso de adopciones, la universidad cuestionó que, pese al tiempo otorgado, varios perros continuaran en el campus. Huellas Molineras respondió que los procesos de adopción responsable no necesariamente son rápidos y que entregar un animal a cualquier persona no constituye una solución. El colectivo asegura que en los últimos dos meses siete perros dejaron la universidad gracias a estos procesos. "Son siete perros menos en la UNALM", remarcaron los integrantes del grupo. La agrupación sostiene que, además de buscar hogares, sus miembros deben conseguir recursos para alimentar y atender a los animales que permanecen en el campus, y también realizan esterilizaciones de gatos para evitar que aumente la población de animales abandonados.

Otro de los principales cuestionamientos del colectivo está relacionado con los objetos que permanecían dentro del refugio al momento de la intervención. Huellas Molineras asegura que, durante la demolición y limpieza del espacio, fueron retirados alimentos, medicamentos, camas y otros implementos utilizados para atender a los animales. Entre estos productos, según la agrupación, había alimento especializado para una perrita con problemas renales, cuyo costo aproximado era de S/ 70 por kilogramo. "Sí, podemos pedir que repongan todo, pero ese no es el objetivo", señaló el colectivo, que considera que el principal problema es la falta de reconocimiento al trabajo realizado durante años por estudiantes, egresados, familiares y voluntarios.

La UNALM, en tanto, asegura que sus decisiones han sido institucionales y conforme a la ley, y que el bienestar de los animales constituye una prioridad junto con la seguridad, salubridad y convivencia de toda la comunidad universitaria. La institución afirma que procedió a limpiar y recuperar el espacio debido a las condiciones insalubres que presentaba, y sostiene que esta medida responde a su responsabilidad de preservar la salubridad, seguridad y adecuado uso de sus instalaciones.

Huellas Molineras, por su parte, cuestiona que ese objetivo pueda conciliarse con la destrucción del espacio y el retiro de implementos destinados al cuidado de los animales. El colectivo reclama que se reconozca el trabajo voluntario realizado durante 15 años y que se establezcan mecanismos concretos para enfrentar el abandono de perros y gatos dentro del campus.

La controversia también pone nuevamente sobre la mesa el problema de los animales abandonados dentro del campus universitario. Huellas Molineras sostiene que demoler un refugio no resolverá la situación porque los abandonos continúan produciéndose. El colectivo afirma que existen sectores del perímetro universitario con aberturas por donde pueden ingresar perros, gatos e incluso personas. "Los animales son abandonados todos los meses", señaló una de las representantes durante el reclamo.

Los voluntarios también rechazan la versión de que ellos llevan perros desde fuera de la universidad. Según explicaron, algunos animales llegan por los alrededores del campus o son abandonados dentro de sus instalaciones. Por ello, consideran necesario establecer una política permanente para prevenir nuevos abandonos, atender a los animales encontrados y promover adopciones y esterilizaciones.

La propia historia de Huellas Molineras, según el colectivo, nació precisamente de esta problemática. Sus integrantes recuerdan que una trabajadora de la universidad, conocida como Gladis, comenzó a alimentar a varios perros que la seguían al salir de su jornada laboral. Con el tiempo, estudiantes y egresados se organizaron para ayudarla y la iniciativa se convirtió en un voluntariado permanente.

El caso deja así dos versiones enfrentadas: la universidad sostiene que actuó ante un espacio que consideraba inadecuado y que buscó alternativas para los canes; los voluntarios afirman que no se opusieron a las obras, pero que reclamaron una reubicación segura y cuestionan la forma en que se ejecutó la intervención. Mientras ambas partes defienden sus actuaciones, la principal preocupación de los voluntarios sigue siendo el destino y bienestar de los animales que durante años fueron atendidos dentro de la Universidad Nacional Agraria La Molina.

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