Con la cantidad de gente que viaja a diario en el Metro y lo que cuesta recargar esas tarjetas, que salgan involucrados los propios policías es lo que más choca. O sea, uno confía en que están para protegerte y resulta que estaban en el ajo. Mi primo trabaja en San Juan de Lurigancho y sufre con el transporte todos los días, es indignante que encima le quieran robar con la tarjeta.