Qué maravilla estos hallazgos. La arqueología subacuática es un oficio que pocos valoran. Esos barcos son cápsulas del tiempo, el comercio del Mediterráneo romano en su máxima expresión. Dos mil cien años ahí abajo y todavía las ánforas intactas. El patrimonio cultural justifica cualquier esfuerzo, desde luego.