La extracción nacional de petróleo alcanzó los 36.930 barriles por día en julio de 2026, una cifra que representa un ligero avance frente a junio pero que evidencia una contracción del 23% si se compara con el mismo mes de 2025. El dato, difundido por Perupetro y recopilado por la Sociedad Peruana de Hidrocarburos (SPH), confirma que la actividad petrolera sigue muy lejos de los volúmenes alcanzados hace una década.
El comportamiento de julio marca una diferencia clave entre la variación mensual y la tendencia de fondo. Mientras el incremento respecto al mes previo sugiere cierta estabilización operativa en algunos campos, la comparación interanual revela una pérdida significativa de capacidad productiva. La propia SPH advirtió que la caída frente a julio de 2025 confirma un proceso de reducción sostenida de la producción petrolera nacional, lo que reabre el debate sobre la caída de reservas, la paralización de lotes y la creciente dependencia de combustibles importados.
Según los reportes oficiales, los lotes con mayor producción en julio fueron el Lote 95, ubicado en Loreto, con 10.658 barriles diarios; el Lote X, en Piura, con 8.233 barriles diarios; y el Lote Z-69, también en Piura, con 2.954 barriles diarios. En contraste, varios lotes continúan sin registrar producción, entre ellos el Lote 67, XV, XX y Z-6.
Una industria cada vez más pequeña
El retroceso actual contrasta con la trayectoria histórica del sector. De acuerdo con estadísticas del Ministerio de Energía y Minas (Minem), Perú llegó a producir más de 190.000 barriles diarios a comienzos de la década de 1980 y todavía superaba los 100.000 barriles diarios en varios años de la década de 1990. La producción actual representa menos de la mitad de los niveles observados hace veinte años y apenas cubre una fracción de la demanda interna de combustibles, lo que mantiene el desafío de reactivar inversiones y reducir la dependencia de las importaciones.
El Lote 67, considerado por años uno de los proyectos de mayor potencial para la Amazonía peruana, no produce y su caso refleja los problemas que frenan al sector: retrasos en inversiones y dificultades sociales, ambientales y regulatorias. Esa falta de actividad en varios lotes explica, en parte, que la producción nacional dependa cada vez más de dos regiones. En Loreto, el Lote 95, operado en la cuenca del Marañón, aporta cerca de un tercio del total extraído en julio y sostiene a la región como la más importante del país. En Piura, los lotes X y Z-69 son los principales productores de la costa norte, aunque sus volúmenes no alcanzan a compensar la paralización o los niveles mínimos de otros campos.
Esa brecha entre lo que se produce y lo que se consume obliga al país a importar más diésel, gasolinas y crudo, lo que incrementa la exposición de la economía peruana a las fluctuaciones internacionales del precio del petróleo y del tipo de cambio. El Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) señala que los combustibles siguen siendo un componente relevante de las importaciones de bienes intermedios, de modo que una menor producción local impacta en la balanza comercial energética.
El deterioro de la producción está ligado, además, a la caída de la actividad exploratoria. Según datos de Perupetro, en los últimos años se perforaron considerablemente menos pozos exploratorios que en décadas anteriores, y la ausencia de nuevos descubrimientos limita la reposición de reservas y reduce las perspectivas de crecimiento futuro. El nivel más bajo de extracción se registró en abril de 2026, con 34.44 MBPD (miles de barriles por día).
La producción de gas natural, en contraste, mostró en julio un comportamiento distinto al del petróleo: pasó de 1.551 millones de pies cúbicos diarios en junio a 1.554 millones en julio, lo que significó un crecimiento de 9,6% frente al mismo mes del año previo. Los lotes 88, 56 y 57, ubicados en Cusco, concentraron los mayores aportes. Ese desempeño resalta el peso del proyecto Camisea en la seguridad energética del país, pues el gas no solo alimenta la generación eléctrica, sino también una porción cada vez mayor del consumo industrial y del transporte. Aun así, el buen momento del gas no compensa la caída petrolera, dado que ambos mercados responden a dinámicas y usos diferentes.
El Libro Anual de Recursos de Hidrocarburos de Perupetro refleja, además, una tendencia decreciente en las reservas probadas de petróleo, lo que limita la capacidad del país para sostener su producción en el mediano plazo. Frente a ese escenario, la SPH sostiene que el Perú necesita un marco regulatorio más predecible, mayor agilidad en la aprobación de permisos y condiciones que faciliten el desarrollo de nuevos proyectos de exploración y producción. Sin nuevas inversiones, advierte la organización, será difícil incrementar las reservas y reducir la dependencia de las importaciones de hidrocarburos.
La menor extracción también golpea las finanzas públicas. Las regiones productoras reciben recursos mediante el canon y sobrecanon petrolero, de modo que una reducción sostenida de la producción puede derivar en menores transferencias para gobiernos regionales y municipales, sobre todo en Loreto y Piura. A ello se suma que una industria con menos actividad encoge la demanda de servicios asociados —transporte, mantenimiento, perforación y logística— y perjudica el empleo ligado a la cadena de hidrocarburos.
La producción de gas natural presenta una tendencia generalmente estable, aunque con una fuerte caída temporal en marzo y abril de 2026.
La señal que dejó julio para el sector es mixta. El ligero aumento mensual sugiere que algunos campos mantienen capacidad de recuperación operativa, pero la contracción de 23% en términos interanuales confirma que la industria petrolera peruana sigue en una etapa de contracción estructural. Con una producción cercana a 37.000 barriles diarios, el país permanece muy lejos de los niveles históricos que permitían cubrir una parte importante de su demanda interna, y enfrenta la disyuntiva de apostar por reactivar la exploración y el desarrollo de nuevos campos o asumir una dependencia cada vez mayor de los combustibles importados.
Para intentar recuperar la producción, el Gobierno enfrenta varios frentes simultáneos: la reactivación de lotes paralizados, la definición de nuevos contratos de exploración y explotación, la mejora de la infraestructura de transporte de crudo en la Amazonía y la reducción de los tiempos administrativos para aprobar inversiones. Sin embargo, incluso si se destrabaran algunos proyectos en el corto plazo, el efecto no sería inmediato: la exploración petrolera requiere varios años entre la adjudicación de un lote, la perforación de pozos, la evaluación de reservas y el inicio de la producción comercial.
El desafío de fondo es decidir si el país apuesta por reactivar la exploración y el desarrollo de nuevos campos o si asume una dependencia cada vez mayor de los combustibles importados.
Comentarios 0
Súmate a la conversación
Tu comentario es anónimo, pero para evitar bots necesitamos que te registres. Es gratis y toma 30 segundos.
Crear cuenta para comentar Ya tengo cuenta