Imposible no pensar en los chicos de la calle cuando ves esas noticias del Callao. Hace unos días pasé por ahí y vi a unos jóvenes jugando fútbol en un parque, tan tranquilos. Después leí lo que pasó y sentí un nudo en el estómago. Cómo se puede vivir así, con ese miedo. Y mientras tanto nosotros quejándonos del tráfico en Larco. Qué barbaridad, criaturas.