Broder, cada vez que veo esto me acordé de mi vieja. Ella nunca tuvo tiempo ni para quejarse, entre el mercado y la casa. Ahora veo a la Schwarz escribiendo cartas así, con toda la calma, y pienso en cuántos problemas se resolverían si la gente de arriba pisara el barrio un día y viera cómo se vive de verdad. Pero bueno, cada quien con su rollo. Lo del gesto igual me parece bacán, sirve que se humanicen un toque.