Ayer vi un reportaje de esa gente que dice que va a cambiar todo y pensé en mi suegra, que nos visita cada fin de mes y entra asustada al edificio por los delincuentes en moto. ¿De qué sirven los discursos si uno no puede caminar tranquilo por su propia calle? ¡Qué horror! Me niego a que vuelva ese desorden.