Un estudio publicado el 25 de junio en la revista Science cambia la idea aceptada durante décadas sobre la evolución de las angiospermas: las plantas con flores ya producían frutos carnosos y semillas aladas hace más de 74 millones de años, mucho antes de que un asteroide extinguiera a los dinosaurios hace 66 millones de años. La investigación plantea que algunos dinosaurios, junto con aves primitivas, pterosaurios y pequeños mamíferos, pudieron consumir esos frutos y transportar sus semillas a otros lugares, de forma similar a lo que ocurre en la actualidad con numerosas especies. Esta hipótesis sugiere que la relación entre las plantas con flores y los animales comenzó millones de años antes de lo que se pensaba.
El equipo liderado por el paleoecólogo Jaemin Lee, de la Universidad de California en Berkeley, examinó 450 fósiles de diásporas —estructuras reproductivas que incluyen frutos y semillas— recuperados entre 1992 y 2016 de una capa de ceniza volcánica ubicada en la zona sur-central de Nuevo México. Los científicos identificaron casi 80 formas distintas de diásporas. Algunas presentaban estructuras aladas que facilitaban su transporte por el viento, mientras que más de un tercio correspondía a frutos carnosos parecidos a pequeñas bayas. Los ejemplares de mayor tamaño alcanzaban dimensiones similares a las de un dátil pequeño. "Hay rocas con muchas diásporas grandes preservadas juntas. Me hacen pensar en bandejas de uvas o pistachos", señaló Lee.
Las especies florales comenzaron a producir frutos grandes, los cuales se convirtieron en parte de la dieta de los antiguos reptiles. Este descubrimiento revela que las plantas con flores ya habían desarrollado una sorprendente variedad de frutos y semillas mucho antes de la extinción masiva del Cretácico-Paleógeno.
El paleobiólogo Brian Atkinson, de la Universidad de Kansas, calificó como “un hallazgo muy importante” que “los tamaños grandes de las diásporas ya estaban bien establecidos antes del final del Cretácico”. Este descubrimiento contradice la teoría más aceptada hasta ahora, que sostenía que las angiospermas dependían principalmente del viento para dispersar sus semillas antes del final de ese período. La evidencia demuestra que la diversidad de frutos y semillas ya estaba ampliamente establecida antes de la extinción masiva.
Las semejanzas entre estas antiguas diásporas y las actuales respaldan la posibilidad de que varios animales del Cretácico consumieran esos frutos. Los investigadores consideran que algunos dinosaurios, aves tempranas, pterosaurios y mamíferos similares a roedores habrían participado en la dispersión natural de las semillas. Incluso existen excrementos fosilizados de esa época con diásporas en su interior, aunque todavía resulta imposible identificar con certeza qué especie los produjo. “Relacionar los excrementos con sus productores extintos puede ser un desafío”, manifestó Lee.
Los investigadores consideran que futuras excavaciones en otros yacimientos permitirán comprobar si estos frutos también formaban parte de los bosques prehistóricos de otras regiones del planeta.
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