La eliminación de ratas negras y ratones domésticos invasores de la isla Lord Howe, ubicada a 600 kilómetros de Australia, desencadenó una recuperación masiva de las poblaciones de insectos y otros invertebrados. El fenómeno fue documentado por un equipo de investigadores que analizó el impacto del Proyecto de erradicación de la isla Lord Howe, ejecutado en 2019. Los científicos observaron un aumento significativo, especialmente entre las especies de mayor tamaño, que antes estaban más expuestas a la depredación de los roedores.

Para el estudio, los investigadores recolectaron más de 24.000 ejemplares de invertebrados en 20 zonas boscosas de la isla. Compararon las muestras obtenidas antes de la erradicación, entre 2016 y 2017, con las recogidas entre 2023 y 2024. Los resultados muestran que grupos como las cucarachas de bosque y las cochinillas aumentaron, mientras que la composición general de la fauna de invertebrados experimentó cambios importantes.

Una de las especies que se recuperó notablemente es la cucaracha Panesthia lata, que se creía extinta en la isla Lord Howe. Este insecto, junto con escarabajos y otros artrópodos, volvió a prosperar tras la erradicación de los roedores que diezmaron la flora y fauna autóctonas de la isla.

"Los invertebrados son fáciles de pasar por alto, pero son absolutamente fundamentales para el funcionamiento de los ecosistemas", explicó Adams, uno de los investigadores. "Polinizan las plantas, reciclan nutrientes, descomponen la materia orgánica y sirven de alimento para aves, reptiles y otros animales nativos. Sin comunidades saludables de invertebrados, el ecosistema en su conjunto no puede recuperarse por completo", agregó.

La cucaracha Panesthia lata es una de las especies que se recuperaron tras la erradicación de roedores. Foto: iNaturalist e creía extinta la cucaracha Panesthia lata de la isla Lord Howe, pero se recuperó tras la erradicación de roedores. Foto: Justin Gilligan

Las especies de mayor tamaño fueron las más beneficiadas

El estudio reveló que los mayores incrementos se dieron entre los invertebrados de más de 13 milímetros de longitud, un patrón que los investigadores atribuyen a la depredación de ratas y ratones durante más de un siglo. “Encontramos aumentos drásticos en los invertebrados de mayor tamaño, que es exactamente lo que cabría esperar si los roedores invasores hubieran estado depredándolos”, afirmó Adams. “Esto es importante porque estos animales también constituyen una fuente esencial de alimento para depredadores nativos, incluidos los geckos y las aves insectívoras”. Los científicos consideran que esta recuperación podría estar favoreciendo el crecimiento de otras especies nativas, como la gallineta de Lord Howe, cuyo monitoreo ya había detectado un fuerte aumento tras la eliminación de los roedores.

Los investigadores bajo un baniano en la isla Lord Howe. Foto: Justin Gilligan

Los investigadores bajo un baniano en la isla Lord Howe. Foto: Justin Gilligan

La recuperación del ecosistema aún continúa

Nathan Lo, director del laboratorio MEEP, señaló que los resultados evidencian hasta qué punto los roedores invasores alteraron el funcionamiento ecológico de la isla. “Los roedores no solo afectaron a unas pocas especies emblemáticas; transformaron las relaciones ecológicas en toda la isla”, indicó. “Lo que estamos observando ahora es la evidencia de un ecosistema que comienza a reorganizarse tras desaparecer esa presión”. No obstante, los investigadores advierten que la recuperación es un proceso de largo plazo. Aunque la abundancia total de invertebrados aumentó, la diversidad mostró un comportamiento más variable: algunos grupos se expandieron mientras otros disminuyeron. Además, las variaciones estacionales siguieron siendo importantes.

Los autores del estudio reconocen que no se puede descartar por completo la influencia de otros factores ambientales —como cambios climáticos o modificaciones del hábitat— entre ambos periodos de muestreo. Además, la investigación se centró en especies que viven en el suelo y en la vegetación baja, sin incluir las que habitan en el dosel del bosque o en ambientes acuáticos. Como siguiente paso, los investigadores utilizarán técnicas genéticas para identificar qué especies nativas e introducidas están aumentando tras la erradicación y evaluar si los cambios ecológicos difieren entre hábitats o grupos de alimentación. También planean estudiar los efectos a largo plazo sobre los nutrientes del suelo y la descomposición de la materia orgánica.

El profesor Lo subrayó que la recuperación ecológica no implica un regreso inmediato al estado original del ecosistema. “Esta no es la historia de ecosistemas que vuelven instantáneamente a un estado histórico intacto”, afirmó. “La recuperación tras la eliminación de especies invasoras puede tardar años o décadas, y los ecosistemas pueden establecerse en configuraciones completamente nuevas”.

Adams destacó finalmente que los resultados ponen de manifiesto la importancia de incluir a los invertebrados en los programas de monitoreo de conservación. “Los invertebrados constituyen la mayor parte de la biodiversidad en muchos ecosistemas, pero con frecuencia se omiten porque estudiarlos resulta difícil y requiere mucho tiempo”, señaló. “Este trabajo demuestra que incluso métodos de monitoreo relativamente sencillos pueden revelar cambios ecológicos tras las intervenciones de conservación”.

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