Un día, Catalina recibe una visita inesperada. Tiene 27 años y quien llega a su puerta es la Muerte, que no trae guadaña ni viene envuelta en sombras, sino con una cercanía casi cotidiana. Su mensaje es breve y exacto: le queda un año de vida. Desde ese momento, la joven deja de pensar en lo que viene y empieza a mirar lo que ha dejado para después. Esa es la premisa de “Mañana, la muerte”, que se presenta del 20 al 28 de octubre en el Teatro de Lucía.
Con dramaturgia de la mexicana Aline Lemus Bernal, la puesta en escena se aparta de las representaciones habituales de la Parca y propone un viaje íntimo en el que Catalina deberá enfrentarse a los sueños postergados, a las decisiones que nunca tomó y a las personas que dejó esperando. Para acompañarla en ese recorrido, la Muerte no tiene una identidad fija: en cada escena aparece con una voz, una cadencia y una personalidad distintas, como si probara máscaras hasta encontrar la que le permita conectar con Catalina, interpretada por Macarena Carrillo.
“Esta no es una muerte clásica, sino una que se presenta de diferentes formas, con distintas personalidades. La construcción del personaje no depende de lo que se ve, sino de su mensaje”, explica Bazán.

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