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El Gobierno de Donald Trump ha revocado más de 300.000 visas desde su regreso a la Casa Blanca en enero de 2025, una cifra que evidencia el endurecimiento de la política migratoria estadounidense y la ampliación de los controles sobre extranjeros que ingresaron legalmente al país.

Según funcionarios del Departamento de Estado, las cancelaciones responden a diversos motivos, entre ellos antecedentes penales, fraude migratorio, incumplimiento de las condiciones de permanencia y consideraciones de seguridad nacional. La Administración republicana sostiene que estas medidas buscan impedir que personas consideradas una amenaza permanezcan en territorio estadounidense.

El ritmo de las revocaciones se ha acelerado en los últimos meses. En agosto, las autoridades habían informado de más de 175.000 visas canceladas, mientras que en septiembre la cifra superó las 250.000. El nuevo balance confirma la magnitud de una estrategia que no se limita a combatir la inmigración irregular, sino que también alcanza a quienes obtuvieron permisos de ingreso por los canales legales.

Entre las medidas impulsadas por Washington figura una mayor vigilancia sobre los titulares de visas de turismo, negocios y estudios, así como la revisión de antecedentes y de la actividad en redes sociales. El Departamento de Estado ha defendido estos procedimientos como herramientas necesarias para identificar posibles riesgos antes y después del ingreso de extranjeros al país.

Sin embargo, la ofensiva migratoria ha generado cuestionamientos de organizaciones defensoras de los derechos civiles, que advierten sobre el riesgo de decisiones arbitrarias y restricciones a la libertad de expresión. Algunas revocaciones vinculadas con manifestaciones políticas y publicaciones en redes sociales han alimentado el debate sobre los límites de las facultades presidenciales en materia migratoria.

La Administración Trump insiste en que contar con una visa no garantiza el derecho a ingresar o permanecer indefinidamente en Estados Unidos y que las autoridades conservan la potestad de cancelarla cuando consideran que existen motivos legales para hacerlo.

Hasta el momento, el Gobierno estadounidense no ha presentado un desglose completo de las nacionalidades afectadas por las más de 300.000 revocaciones, por lo que se desconoce el alcance específico de la medida entre los ciudadanos latinoamericanos.

La cifra marca un nuevo capítulo en la política de mano dura de Trump contra la inmigración. Una estrategia que, más allá de las fronteras y las deportaciones, extiende la incertidumbre a miles de extranjeros que ingresaron legalmente a Estados Unidos y que ahora enfrentan controles cada vez más estrictos sobre su situación migratoria.

Donald Trumpvisa americanavisas ee. uu.

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