6

La expansión de las actividades vinculadas a los minerales críticos también plantea desafíos en materia de salud pública y protección ambiental. En el Perú, uno de ellos es fortalecer la regulación de los materiales radiactivos de origen natural y establecer controles que permitan identificar y prevenir posibles riesgos para los trabajadores y las poblaciones cercanas a determinadas operaciones.

El debate apunta al Instituto Peruano de Energía Nuclear (IPEN), entidad que tiene responsabilidades regulatorias en seguridad radiológica. La necesidad de actualizar y desarrollar disposiciones específicas cobra relevancia ante actividades que podrían generar exposición a radionucleidos naturales, incluido el radón, un gas radiactivo asociado al cáncer de pulmón.

“La prevención del cáncer de pulmón por radón exige reglas específicas sobre radiactividad natural y una agenda regulatoria del IPEN que proteja a las personas y al ambiente”, sostiene Rolando Páucar Jáuregui, físico nuclear y expresidente del Instituto Peruano de Energía Nuclear. El especialista considera que la preparación regulatoria debe avanzar al mismo ritmo que las nuevas oportunidades de inversión y aprovechamiento de recursos.

Páucar advierte que la condición de mineral crítico no determina, por sí sola, la peligrosidad radiológica de un yacimiento. “Una clasificación comercial del mineral no reemplaza su caracterización radiológica”, señala. Por ello, plantea evaluar cada operación para determinar la presencia de radionucleidos naturales, su distribución y los posibles riesgos durante el procesamiento de los materiales y la gestión de residuos.

Cáncer de pulmón: el riesgo del radón

El radón es un gas radiactivo de origen natural que puede acumularse en espacios cerrados. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo reconoce como una de las principales causas de cáncer de pulmón, especialmente por la exposición prolongada. Sin embargo, determinar el nivel de riesgo en una instalación o ambiente específico requiere mediciones que permitan establecer la concentración del gas.

La preocupación no se limita a las operaciones mineras. Según las características de los materiales y las condiciones de cada actividad, la radiactividad natural puede concentrarse en determinadas etapas del procesamiento o en los residuos. La exposición puede producirse por radiación externa, inhalación de polvo o presencia de radón y sus descendientes radiactivos.

Por esa razón, la evaluación debe considerar las particularidades de cada operación. No todos los yacimientos presentan las mismas características ni requieren necesariamente idénticas medidas de control. La identificación de los riesgos y la aplicación de mecanismos de vigilancia permitirían definir obligaciones proporcionales a las condiciones reales de exposición.

Una normativa por desarrollar

El Perú cuenta con una base normativa en seguridad radiológica. El Reglamento de Seguridad Radiológica, aprobado mediante el Decreto Supremo N.° 009-97-EM, contempla la exposición crónica y establece niveles de actuación para el radón en viviendas y lugares de trabajo. No obstante, Páucar considera necesario desarrollar disposiciones específicas que permitan traducir ese marco general en procedimientos verificables.

Entre las medidas que propone figura una agenda regulatoria para los materiales radiactivos de origen natural, conocidos como NORM, sigla en inglés de Naturally Occurring Radioactive Materials. Esta debería incluir un diagnóstico, prioridades, consulta pública y plazos definidos, además de precisar qué aspectos pueden abordarse mediante normas técnicas y cuáles requieren modificaciones reglamentarias.

El objetivo sería establecer criterios claros para determinar cuándo una actividad debe ser notificada, registrada o sometida a autorización. También se necesitarían requisitos de caracterización radiológica, evaluación de la exposición, vigilancia y control de la calidad de las mediciones. La aplicación de estas exigencias tendría que responder al nivel de riesgo de cada actividad.

Estándares y fiscalización

Las normas básicas de seguridad del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), así como sus orientaciones sobre residuos NORM y protección laboral frente al radón, ofrecen referencias para desarrollar un marco nacional. Su aplicación, sin embargo, requiere adaptar los criterios internacionales a las actividades que se realizan en el país y garantizar que existan especialistas y recursos para supervisar su cumplimiento.

La propuesta también comprende el manejo de residuos, las descargas, la posible dispersión de radionucleidos y las etapas de cierre de los proyectos. Cuando corresponda, deberían establecerse mecanismos de vigilancia posterior y responsabilidades para los titulares de las operaciones. La información a las comunidades y la coordinación con las autoridades ambientales y laborales formarían parte de ese esquema.

En ese escenario, el IPEN tendría que articular su trabajo con los sectores de Energía y Minas, Salud y Trabajo, además de las autoridades ambientales competentes. Para Páucar, el desarrollo de los minerales críticos representa una oportunidad económica, pero también exige anticipar los riesgos y fortalecer la capacidad estatal de supervisión. El desafío es que la regulación y la protección de la salud acompañen el avance de las nuevas actividades productivas.

cáncer de pulmónIPENmateriales radiactivos naturalesminerales críticosNormPerúradónRolando Páucar Jáureguiseguridad radiológica

Leer artículo completo en caretas.pe →