Entre los fundamentos del cine de horror, hay uno que señala que, más que aquello que vemos, lo que da realmente miedo es aquello que no vemos. Y aun así son muchas las películas que ceden a la tentación de mostrarlo todo, de reforzar lo obvio, de hacer evidente lo que debería ser sugerente. Las que optan por lo contrario siguen siendo una minoría, pero casi siempre lo hacen bien. Y es lo que propone “Hope: el primer impacto”, la cinta surcoreana ambientada en un puerto pesquero donde una presencia extraña y esquiva ha comenzado a hacer destrozos y acumular víctimas en el camino.
Frente a ello, los habitantes unen fuerzas para detenerlos. Hay un par de policías que asumen el liderazgo, pero también un grupo de cazadores que intentan capturar a la enigmática bestia. Durante casi la primera hora de la película seguimos a estos personajes en una dinámica de huida y persecución al monstruo que no vemos. Se nos muestran sus huellas, la catástrofe que deja su rastro, su movimiento fugaz entre sombras, pero no una presencia clara y concreta. Esos atisbos hacen recordar un poco a la estupenda “The Host” (2006), de Bong Joon-ho, que también presentaba el esfuerzo comunitario para detener a una fuerza esquiva y arrolladora.
Pero hay también un momento clave en “Hope” (y aquí empiezan los ‘spoilers’): aquel en que el protagonista central, el policía Ko Bum-seok (interpretado por Hwang Jung-min) finalmente se topa frente a frente con el ser destructivo y lo mira directamente a los ojos. Es un instante casi epifánico, en el que a pesar de las distancias y la lucha emerge un gesto de empatía y piedad. Esa mirada fija y frontal altera en buena parte el rumbo de esta cinta que mezcla hábilmente la ciencia ficción, el terror, el suspenso y la aventura.
En el camino, la puesta en escena del director Na Hong-jin es formalmente impecable. Sus amplios planos abiertos remiten al western clásico, mientras que el uso de ángulos picados y contrapicados nos descolocan y aportan sorpresa al encuadre. Los ‘travellings’ son también atrapantes y, cuando hay persecuciones –a pie, en vehículo y hasta a caballo–, el ritmo es vertiginoso. No puedo dejar de mencionar su muy original guion, en el que el humor juega un rol fundamental: algunos diálogos absurdos y escatológicos son desternillantes y, francamente, de lo mejor de la película.
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