Hay imágenes que pertenecen a la coyuntura y otras que parecen sobrevivir a todas las crisis. El Señor de los Milagros encarna la segunda categoría. Nació en la Lima colonial sobre un muro de adobe que resistió sismos y censuras, para luego presenciar el desfile incesante del poder. La ciudad cambió virreyes por gobernantes civiles y militares, y en los últimos tiempos presenció una vorágine presidencial pocas veces vista. Cada octubre, sin embargo, la cita en la plaza Mayor no se cancela. Las andas avanzan frente a Palacio y reciben la venia de quien ocupe el sillón de Pizarro. Los presidentes pasan y caen; el morado permanece.
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