Con una trayectoria en el mundo audiovisual que comenzó a los 13 años en la televisión, Bruno Ascenzo suma con “La tribu” una nueva película como director. Una producción que genera gran expectativa al estar inspirada en una exitosa obra de teatro y que Ascenzo apuesta por trasladar a la pantalla grande con la misma esencia que cautivó originalmente al público sobre las tablas.
“Esta aventura empezó hace tres años porque la historia se comenzó a contar en el teatro y luego tuvimos el entusiasmo de llevarla a la pantalla grande. Me gustan mucho ambos formatos, tanto el cine como el teatro, que son lenguajes completamente distintos, pero me encanta ver cómo se pueden contar las historias en diferentes medios: una en el escenario en vivo de corrido y la otra en una película”, dice Ascenzo a Correo.
El reto fue que La Tribu mantuviera la esencia de la obra de teatro... Teníamos muchos nervios por eso. A la luz de los comentarios de los primeros días y de la gente que la vio en el teatro, creo que sí hemos logrado mantener esa esencia y la magia que se formó. El teatro es efímero por naturaleza, mientras que en el cine las historias ya pueden quedar para el futuro; sentíamos que esta historia tenía que llegar a más gente y el cine nos da esa posibilidad.
Como director, ¿prefieres que tus actores sigan estrictamente las indicaciones o les das las posibilidades de aportar?
Soy bastante flexible. Muchos actores dicen que soy bastante relajado y trato de serlo en el set, porque ya de por sí es un lugar estresante. Me gusta que tanto los actores como el equipo técnico la pasen bien durante las 12 horas que dura nuestra jornada laboral. Me gusta escucharlos y ver sus propuestas porque seguramente van a ser mejores que las mías; creo que una vez que nos entendemos, juntos podemos crear cosas bonitas.
Has actuado en telenovelas desde niño, has grabado series y también has escrito guiones, ¿consideras que toda esta experiencia te ha dado el oficio para dirigir?
Desde que estaba chibolo a los 13 años en Travesuras del Corazón (e incluso antes, cuando fui extra en Boulevard Torbellino), siempre me acuerdo de observar mucho la dinámica de los rodajes y cómo funcionan los equipos. Haber estado involucrado en este mundo desde tan joven fue formando parte de mi vida, hasta ahora me gusta estar en un set, sea como actor o director, y traer a la vida historias que antes no existían.

¿Qué nos falta para tener una industria que compita de igual a igual con otras de la región?
Nos faltaría más inversión y apoyo del Estado. Si no hay una política cultural que abrace el teatro, el cine y las artes en general, no se va a poder construir una industria. Sin ir muy lejos, Colombia tiene una gran industria porque cuenta con incentivos fiscales.
Esos incentivos animan a las productoras extranjeras a invertir en un país.
La industria audiovisual genera muchísimos puestos de trabajo. Cuando trabajé en México para VIX, vi cómo las producciones coordinan directamente con los municipios para temas de logística, que involucra a todo el conjunto de la sociedad y genera mucho dinero. La película Paddington en Perú se tuvo que ir a filmar en Colombia porque en el Perú es muy complicado. Ingresar una cámara al país, lidiar con los trámites burocráticos alrededor de los equipos es complicado, a pesar de ser el Perú un país riquísimo en locaciones.
¿Cómo te llevas con las críticas? ¿Le das mucha importancia o la superas?
Creo que las críticas son parte del juego. Cuando se estrena una película, el público tiene la total libertad de decidir si le gusta o no, ya sea en el Perú, en México o en Hollywood. Debemos asumir que tener opiniones diferentes es el punto de partida natural.
¿No hay algo que te incomode?
Lo que me incomoda del contexto actual es cuando cualquier postura viene cargada de insultos y agresiones. Precisamente, la película La Tribu propone aprender a conversar sin agredirnos, dejando de lado los fuegos incendiarios que nos dividen para poner las cosas sobre la mesa y llegar a consensos que nos hagan crecer como sociedad.
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