El herpes zóster, también conocido como culebrilla, es una enfermedad cuyo riesgo aumenta a partir de los 50 años, debido a los cambios que experimenta el sistema inmunitario con el envejecimiento. Aunque suele manifestarse mediante una erupción cutánea dolorosa, sus consecuencias pueden prolongarse incluso después de que las lesiones desaparecen.

La infección es causada por la reactivación del virus de la varicela-zóster, el mismo que provoca la varicela. Después de superar esta enfermedad, el virus puede permanecer inactivo en el organismo durante años y reactivarse posteriormente.

Una de sus principales complicaciones es la neuralgia posherpética, un dolor persistente que puede durar meses e incluso años, y dificultar las actividades habituales de las personas afectadas.

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¿Por qué aumenta el riesgo de herpes zóster después de los 50 años?

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), cualquier persona que haya tenido varicela puede desarrollar herpes zóster. Sin embargo, su aparición es más frecuente en adultos mayores de 50 años.

Esto se relaciona con los cambios naturales del sistema inmunitario, que pueden disminuir la capacidad del organismo para mantener inactivo el virus.

La edad no es el único factor de riesgo. Las personas que presentan alteraciones en su respuesta inmunitaria también pueden ser más vulnerables.

Entre las condiciones asociadas con un mayor riesgo se encuentran el VIH, el cáncer, los trasplantes de órganos y el uso de determinados medicamentos inmunosupresores.

La OMS también identifica otras enfermedades que pueden relacionarse con un incremento del riesgo, como diabetes, enfermedad renal crónica y enfermedades pulmonares.

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¿Cuáles son los primeros síntomas del herpes zóster?

El herpes zóster suele manifestarse mediante una erupción dolorosa que aparece en un solo lado del cuerpo, generalmente en forma de una franja de pequeñas ampollas.

Sin embargo, algunas personas experimentan molestias antes de que las lesiones sean visibles.

Entre los principales síntomas se encuentran:

  • Dolor o ardor: puede sentirse en una zona específica de la piel.
  • Hormigueo o picazón: a veces aparece días antes de la erupción.
  • Entumecimiento: algunas personas perciben alteraciones de sensibilidad.
  • Ampollas: suelen agruparse en una franja de un solo lado del cuerpo o del rostro.
  • Malestar general: puede incluir fiebre, dolor de cabeza, escalofríos o cansancio.

La intensidad de los síntomas varía entre pacientes. El dolor puede describirse como una sensación de quemazón, punzadas o pulsaciones.

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Neuralgia posherpética: cuando el dolor continúa después de las lesiones

Una de las complicaciones más frecuentes del herpes zóster es la neuralgia posherpética, caracterizada por dolor neuropático persistente en la zona donde apareció la erupción.

Esta molestia puede continuar después de que las ampollas hayan cicatrizado y, en algunos pacientes, mantenerse durante meses o incluso años.

La OMS advierte que el dolor puede llegar a ser intenso y debilitante, con repercusiones en el bienestar y las actividades cotidianas.

En adultos mayores, una complicación de este tipo puede dificultar el descanso y limitar la capacidad para realizar tareas habituales o participar en actividades sociales.

Por ello, el impacto de la enfermedad no debe evaluarse únicamente por la duración de la erupción cutánea.

¿Cuándo debes acudir al médico por sospecha de herpes zóster?

Reconocer las primeras señales es importante para recibir una evaluación oportuna.

La consulta médica es especialmente urgente cuando las lesiones aparecen en el rostro, cerca de los ojos o cuando existen molestias visuales, debido al riesgo de complicaciones oculares.

También es recomendable buscar atención temprana ante una erupción dolorosa compatible con herpes zóster, especialmente si la persona es mayor de 50 años o tiene las defensas debilitadas.

Existen tratamientos antivirales que pueden reducir la duración y gravedad de la enfermedad, principalmente cuando se administran de manera temprana y bajo prescripción médica.

El tratamiento más adecuado dependerá de la evaluación clínica y de las condiciones de salud de cada paciente.

Herpes zóster y envejecimiento activo: ¿qué relación tienen?

El incremento de la población adulta mayor en el Perú plantea nuevos desafíos relacionados con la prevención de enfermedades y el mantenimiento de la calidad de vida.

Según los primeros resultados de los Censos Nacionales 2025, las personas de 60 años o más representan el 14,8 % de la población peruana, frente al 11,7 % registrado en 2017, de acuerdo con los datos difundidos en la información proporcionada.

Este cambio demográfico refuerza la importancia de promover hábitos y decisiones que permitan conservar la autonomía y la capacidad funcional durante el envejecimiento.

La Organización Mundial de la Salud define el envejecimiento saludable como el proceso de desarrollar y mantener la capacidad funcional que permite a las personas realizar aquello que consideran importante.

En esa perspectiva, conocer enfermedades que adquieren mayor relevancia con la edad también forma parte del cuidado de la salud.

Especialista destaca la importancia de reconocer el herpes zóster

El doctor Jorge Pérez, gerente médico de Vacunas de GSK, explicó que informarse sobre las enfermedades asociadas al envejecimiento permite adoptar decisiones de salud con mayor conocimiento.

“Envejecer activamente también implica conocer aquellas condiciones de salud que pueden adquirir mayor relevancia con los años. En el caso del herpes zóster, entender por qué aumenta el riesgo después de los 50, reconocer sus señales y conocer sus posibles complicaciones permite a las personas conversar de manera informada con su profesional de salud y tomar decisiones sobre su bienestar”, señaló.

El especialista destacó la importancia de reconocer tanto los síntomas iniciales como las posibles consecuencias de la enfermedad sobre la calidad de vida.

Además de consultar ante síntomas sospechosos, las personas mayores pueden conversar con sus profesionales de salud sobre las medidas de prevención disponibles, incluida la vacunación cuando corresponda según las recomendaciones médicas y la disponibilidad local.

¿El herpes zóster se puede prevenir?

Existen vacunas destinadas a reducir el riesgo de desarrollar herpes zóster y sus complicaciones, aunque su indicación depende de la edad y las condiciones de salud.

La vacunación no trata una infección activa y no reemplaza la consulta médica cuando aparecen síntomas.

Las personas de 50 años o más, así como aquellas con determinadas condiciones que afectan sus defensas, pueden solicitar orientación profesional sobre las opciones preventivas apropiadas para su situación.

Asimismo, conocer los síntomas y acudir tempranamente a un establecimiento de salud puede facilitar el inicio del tratamiento cuando esté indicado.

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