Una fiebre persistente, vómitos frecuentes o cambios repentinos en el comportamiento de un niño pueden generar preocupación en los padres. Aunque algunas enfermedades infantiles pueden manejarse inicialmente en casa, ignorar determinadas señales de alarma o administrar medicamentos sin orientación médica puede poner en riesgo la salud del menor.
Antonio Luis Soto de León, médico pediatra de la Clínica Anglo Americana, explicó que los padres deben prestar especial atención a la respiración, la hidratación y el estado de conciencia del niño para identificar cuándo necesita una evaluación médica urgente.
El especialista advirtió que síntomas como la dificultad respiratoria, el decaimiento intenso, los problemas para despertar al menor o la imposibilidad de ingerir líquidos no deben manejarse únicamente con cuidados domésticos. Estas señales también son reconocidas por la Academia Estadounidense de Pediatría como motivos para buscar atención médica inmediata.
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¿Cuándo se debe llevar a un niño a emergencias?
Según Soto, la gravedad de una enfermedad no depende exclusivamente de la temperatura registrada en el termómetro. También es importante observar si el niño responde normalmente, respira sin dificultad y puede mantenerse hidratado.
“No debemos mirar solamente el termómetro; debemos mirar al niño: cómo respira, cómo reacciona, si toma líquidos y si se comporta como siempre. Eso nos dice mucho sobre la gravedad del cuadro”, señaló el pediatra de la Clínica Anglo Americana en información difundida en octubre de 2026.
En el caso de los bebés menores de tres meses, una temperatura de 38 °C o más requiere evaluación médica inmediata, incluso cuando aparentemente se encuentran bien. Esta recomendación coincide con las indicaciones de la Academia Estadounidense de Pediatría.
Señales de alarma que requieren atención inmediata
- Dificultad para respirar o respiración anormal.
- Somnolencia extrema o dificultad para despertar al niño.
- Convulsiones, especialmente si son las primeras.
- Incapacidad para beber líquidos o signos importantes de deshidratación.
- Deterioro rápido del estado general.
- Fiebre de 38 °C o más en menores de tres meses.Ante problemas graves para respirar, falta de respuesta o convulsiones, se debe solicitar asistencia de emergencia sin demora.
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Cinco errores que los padres deben evitar al atender a un niño enfermo
1. Esperar demasiado ante las señales de alarma
Uno de los principales riesgos es retrasar la atención médica con la expectativa de que los síntomas desaparezcan por sí solos.
Si el niño presenta dificultad respiratoria, convulsiones, signos importantes de deshidratación, alteraciones de conciencia o un empeoramiento rápido, debe recibir atención médica inmediata.
El pediatra recomienda observar no solo la fiebre, sino también el comportamiento habitual y la capacidad de respuesta del menor.
2. Automedicar o reutilizar recetas anteriores
Administrar un medicamento que fue recetado durante una enfermedad anterior puede resultar inadecuado, incluso cuando los síntomas parecen similares.
Soto explicó que la elección del tratamiento depende de factores como la edad, el peso, los antecedentes médicos, las alergias y el diagnóstico.
Además, enfermedades con manifestaciones parecidas pueden tener causas diferentes y requerir tratamientos distintos. Por ello, no debe asumirse que una receta antigua sigue siendo válida.
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3. Dar dosis incorrectas de medicamentos
Muchos medicamentos pediátricos requieren calcular la dosis según el peso del niño y la concentración del producto.
Una cantidad indicada meses atrás podría dejar de ser apropiada si cambió el peso del menor o si se utiliza una presentación diferente.
Para administrar medicamentos líquidos, se recomienda emplear una jeringa oral o el dispositivo dosificador correspondiente, con medidas expresadas en mililitros, y evitar las cucharas domésticas.
La Academia Estadounidense de Pediatría también recomienda verificar cuidadosamente las dosis y consultar al profesional de salud cuando existan dudas.
4. Combinar medicamentos sin revisar sus componentes
Otro error frecuente es administrar distintos medicamentos sin comprobar si contienen el mismo principio activo.
Algunos productos para la fiebre, los resfriados y otras molestias incluyen combinaciones de sustancias. Utilizarlos simultáneamente puede ocasionar que el niño reciba accidentalmente una cantidad excesiva de un mismo componente.
Antes de combinar tratamientos, es importante revisar las etiquetas y seguir las indicaciones del pediatra. No se deben alternar medicamentos para bajar la fiebre sin orientación profesional.
5. Forzar al niño a beber líquidos o tomar medicamentos
Mantener una hidratación adecuada es importante durante muchas enfermedades infantiles. Sin embargo, obligar a beber a un niño que está muy somnoliento, presenta dificultad respiratoria importante o no puede tragar con normalidad puede resultar peligroso.
En estas circunstancias, no deben administrarse líquidos ni medicamentos por vía oral y se debe buscar atención médica inmediata.
Si el menor está despierto, puede tragar sin dificultad y tolera los líquidos, el especialista recomienda ofrecer pequeñas cantidades con frecuencia mientras se obtiene orientación médica.
¿Qué hacer mientras se busca atención médica?
Los padres pueden registrar información que facilite la evaluación del pediatra y permita reconstruir cómo evolucionaron los síntomas.
Es útil anotar cuándo comenzó la enfermedad, cuál fue la temperatura más alta registrada, cuándo orinó el niño por última vez y qué medicamentos recibió, indicando la cantidad y el horario de administración.
También conviene observar si existen cambios en su respiración, comportamiento o capacidad para ingerir líquidos.
Esta información puede ayudar al personal sanitario a tomar decisiones sobre la evaluación y el tratamiento. No obstante, recopilarla no debe retrasar la búsqueda de ayuda cuando existen señales de emergencia.
¿Cómo reconocer una posible deshidratación en niños?
La deshidratación puede aparecer cuando el menor pierde líquidos por vómitos, diarrea o fiebre y no logra reponerlos adecuadamente.
Entre los signos que requieren atención se encuentran la disminución importante de la orina, boca seca, ausencia de lágrimas al llorar, ojos hundidos y decaimiento marcado.
Si el niño no consigue beber, continúa vomitando o presenta somnolencia intensa, necesita una evaluación urgente. La Academia Estadounidense de Pediatría recomienda valorar estos síntomas junto con el estado general del menor.
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