No tengo la menor duda que uno de los peores elementos que pudo llegar al actual Poder Legislativo es el senador Iber Maraví, elegido por Juntos por el Perú, quien hace cinco años tuvo que dejar el cargo que infamemente tenía como ministro de Trabajo y Promoción del Empleo de Pedro Castillo, una vez que se hizo público que de acuerdo a atestados policiales de inicios de los años 80, este sujeto había participado en atentados dinamiteros cometidos por Sendero Luminoso.
Aparte de las actividades en que habría participado como parte de la mencionada banda terrorista, este cantante, abogado y sindicalista radical es parte de una familia con fuertes vínculos con el senderismo, como él mismo reconoció una vez que todo esto salió a la luz. Hoy Maraví está en el Senado, desde donde se dedica a sabotear toda medida adoptada por el Poder Ejecutivo desde el primer día, cuando al momento de la toma de mando de Keiko Fujimori se fue a las calles a enfrentarse a la policía en la Plaza San Martín.
El sábado último el país entero lo vio como un vil agitador y saboteador en la Comisión de Constitución del Senado, donde se analizaba el pedido de facultades legislativas presentadas por el Poder Ejecutivo. Ante una frase de la legisladora Ruth Luque, que fue respondida por forma educada por el aludido, el ministro del Interior, César Astudillo, el protagonista de los atestados por actos de terrorismo en los años 80 inició una agria discusión propia de un agitador profesional que busca “agudizar las contradicciones”.
Estoy seguro que muchos peruanos comparten la indignación del ministro y senador Astudillo, y del senador y marino Francisco Calisto –quien intervino en el altercado generado por Maraví–, ambos con amplísima trayectoria en combate directo y a balazo limpio contra el terrorismo de Sendero Luminoso y el MRTA, al ser atacados verbalmente por este impresentable que solo pudo llegar al Poder Legislativo gracias a un partido como Juntos por el Perú, de Roberto Sánchez.
Difícil de entender que el votante peruano, y en especial el de Ayacucho, que ha sufrido directamente al salvajismo senderista, haya podido votar por un personaje con antecedentes como los del senador Maraví, a quien hoy le pagamos un sueldo y diversos privilegios. Y más complicado es comprender cómo las leyes peruanas permiten el reciclaje de gente que nada tiene que hacer en la política y el sistema democrático, pues no creen en él al haber pretendido dinamitarlo.
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