Por su aspecto "de película", la puerta de la bóveda es considerada la superestrella visual. (Foto: Jesús Saucedo / @photo.gec)
Por su aspecto "de película", la puerta de la bóveda es considerada la superestrella visual. (Foto: Jesús Saucedo / @photo.gec)
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Dimensión de la riqueza peruana

Desde 1929, en la intersección de los jirones Lampa y Ucayali, funcionaba la sede operativa del BCRP, donde se almacenaban las reservas del país en forma de oro, monedas de plata, billetes y bonos; o, al menos, lo que quedaba de esta lista, porque el vínculo entre el dinero nacional y el “metal amarillo” tuvo fecha de quiebre: el 19 de abril de 1931. Mediante el decreto ley N° 7126, el país abandonó oficialmente el patrón oro a propósito de la turbulencia internacional tras la Gran Depresión.

Diego Winkelried, jefe del Departamento Académico de Finanzas de la Universidad del Pacífico (UP), lo explica: “Bajo el patrón oro, el valor de la moneda estaba vinculado a una cantidad fija de oro y existía el compromiso de convertir los billetes en ese metal. [...] Luego, el sistema de Bretton Woods estableció un vínculo indirecto: las monedas mantenían paridades respecto del dólar y este era convertible en oro. Por tanto, ya no era necesario que cada banco central mantuviera físicamente el metal en sus propias bóvedas. Desde los años setenta, con el abandono de la convertibilidad del dólar en oro, el dinero es fiduciario: su valor no depende de un respaldo metálico, sino de su aceptación generalizada y de la confianza en las instituciones monetarias”.

En efecto, en este marco, en 1979, debido al crecimiento institucional y operativo del ahora considerado el corazón de la estabilidad monetaria del país, las funciones se trasladaron a la avenida Santa Rosa, repasa María del Pilar Riofrío, directora de la red de museos de la institución. Como la antigua bóveda dejó de acopiar reservas financieras, el directorio aprobó transformar el edificio en un espacio cultural que, bajo la dirección del curador de arte Carlos Rodríguez y del estudio de arquitectura Cooper, Graña y Nicolini (CGN), abrió sus puertas al público en 1982: el Museo Central del BCRP.

En la etapa inicial, cuenta la experta, se dispuso el sótano para la exhibición de cerámica precolombina, con una colección Vicús que Domingo Seminario donó; el primer piso para la exhibición de la colección numismática; y el segundo piso para la formación de la pinacoteca mediante un proyecto de adquisición de obras que documentaran la historia desde la Independencia.

“Fue un momento muy valioso. [....] El BCRP estaba cumpliendo con una parte importante: desde que se crea el banco, en sus estatutos incluye un aspecto cultural que tiene que ver con promover, preservar y difundir el patrimonio cultural de la nación”, menciona.

Coincide Winkelried: “El banco ha incorporado esta labor en su reglamento institucional como una contribución a la sociedad. Este aporte va mucho más allá de la custodia de piezas históricas en una bóveda. [...] Se trata de una contribución valiosa a la preservación y difusión del patrimonio cultural. No obstante, conviene distinguir claramente ambas funciones; por más positivo que sea este aporte, no forma parte del mandato monetario del BCRP ni tiene una incidencia directa sobre la calidad de la política monetaria”.

La incidencia se traslada, más bien, al pensamiento colectivo, asegura Fernando Solís, docente de Investigación de Mercados Aplicada de la UPC. Frente a la exigencia moderna de inmediatez, productividad y eficiencia económica, el patrimonio histórico pone en primer plano aquello que ninguna cifra alcanza a explicar: las personas, la cultura y la memoria.

“La historia que está en la bóveda es muy importante porque nos ilustra sobre lo que ha pasado, cómo lo hemos resuelto y cómo tenemos que seguir enfrentándolo en el futuro, porque hay países que vuelven a repetir los errores que otros han cometido”, complementa.

¿Qué hay dentro de la bóveda del BCRP? (Foto: Jesús Saucedo / @photo.gec)
¿Qué hay dentro de la bóveda del BCRP? (Foto: Jesús Saucedo / @photo.gec)

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