MundoEspaña en pie: la furia por la crisis de vivienda crece y adelanta elecciones

La crisis habitacional en España provoca protestas por el encarecimiento de los alquileres y los desalojos, como el de Maricarmen Abascal, de 87 años, cuya muerte convirtió su caso en símbolo del problema. Mientras los jóvenes destinan gran parte de sus ingresos a la vivienda, Pedro Sánchez convocó elecciones anticipadas para el 29 de noviembre, en un contexto de dificultades parlamentarias y desgaste político

Las protestas por la crisis de vivienda en España se intensifican en la Puerta del Sol de Madrid, donde más de 1.248 carpas albergan a manifestantes desde el desalojo de Maricarmen Abascalcomposición LR/AFPPor Daniela MagallanesSábado 10 de Octubre del 2026 · 11:37hgoogle iconLa República en Google

La plaza de la Puerta del Sol, uno de los lugares más emblemáticos y concurridos de Madrid, se ha transformado en el corazón de las protestas que reclaman por el fin de la crisis de vivienda que afecta a España. Los adoquines de cemento, que antes solían estar abarrotados por turistas con sus cámaras y mochilas, ahora están ocupados por al menos 1.248 carpas donde jóvenes y adultos habitan desde el pasado 26 de septiembre, cuando Maricarmen Abascal, una mujer de 87 años, fue desalojada del piso en el que vivió por 71 años.

Maricarmen, quien falleció el último 7 de octubre tras permanecer casi 15 días hospitalizada en un hospital de Madrid, se convirtió en la chispa que encendió una de las movilizaciones más grandes que se ha extendido por toda España. La crisis llegó a tal punto que el presidente Pedro Sánchez anunció el adelanto de las elecciones generales para el 29 de noviembre, en medio del reclamo de una población que adelanta una huelga general, la confrontación parlamentaria entre las principales fuerzas políticas y el pedido de las calles.

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“Una mártir de un sistema demoledor”

Maricarmen Abascal vivió en el barrio de Retiro, una de las zonas emblemáticas de la capital, desde 1956, cuando su padre firmó el contrato de alquiler de un piso. Tras su muerte, la madre de Maricarmen pasó a ocupar la residencia y, cuando ella falleció en 2005, el contrato quedó en manos de su hija, que pagaba unos 500 euros mensuales al ser un contrato de renta antigua. En 2018, el inmueble cambió de propietario y, dos años después, la empresa Urbagestión le comunicó que debía abandonarlo porque consideraba que el contrato había dejado de ser válido. Aunque un juzgado falló inicialmente a favor de Maricarmen, la Audiencia Provincial revocó esa decisión en 2022 y el Tribunal Supremo no admitió el recurso posterior. La empresa llegó a exigirle 2.650 euros mensuales y después ofreció un alquiler de unos 1.650 euros, por encima de la pensión de 1.400 euros que recibía y con la cual pagaba religiosamente su estadía.

En el 2025 comenzaron los intentos de desahucio. Los tres primeros fueron aplazados por la movilización, pero el cuarto se ejecutó el 23 de septiembre de 2026. Maricarmen, con problemas de movilidad, salió de su casa en silla de ruedas. Tras las protestas que provocó su desalojo, Urbagestión aceptó que regresara a la vivienda con un nuevo contrato y un alquiler similar, pero la mujer murió antes de poder volver a casa.

Según Juan Cascón, corresponsal de la agencia AFP en España, Maricarmen se convirtió en una mártir de un sistema demoledor. Incluso desde el hospital, la mujer envió un mensaje a quienes se movilizaron en su defensa: “Luchad, defended lo que es vuestro”.

La crisis de vivienda

En España se dificulta cada vez más el acceso a una casa, tanto en alquiler como en propiedad. En 2024, una de cada cuatro familias españolas afirmaba tener problemas para acceder o mantener su vivienda, según la Fundación FOESSA. Los jóvenes se encuentran entre los más afectados: el 47,3% de quienes tienen entre 26 y 34 años y siguen viviendo con sus padres señala que no puede independizarse por los elevados precios, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística (INE). Además, el 57,9% de los jóvenes emancipados vive de alquiler y casi un tercio comparte piso para afrontar los gastos.

El encarecimiento de los alquileres y de la compraventa explica parte de esta situación. El precio medio del alquiler alcanzó un máximo histórico de 1.080 euros mensuales, un 11,6% más que un año antes, y una persona joven asalariada tendría que destinar el 92,3% de su sueldo para vivir sola. En Madrid, alquilar un piso de 50 metros cuadrados costaba una media de 1.170 euros mensuales en septiembre, según Idealista, casi la mitad del salario bruto promedio español, situado en unos 2.460 euros al mes. La compra tampoco resulta accesible para muchos jóvenes: el precio medio de una vivienda, de 197.210 euros, equivale a 14 años de salario, mientras que reunir los 59.163 euros necesarios para la entrada supone cuatro años completos de sueldo.

Entre las principales causas de la crisis figuran la falta de viviendas disponibles en las zonas con mayor demanda y la presión del turismo, pues España recibe alrededor de 83,7 millones de viajeros al año. En zonas con gran afluencia turística, los alquileres de corta duración pueden reducir la oferta disponible para los residentes. Muchos ciudadanos también responsabilizan a las plataformas de alquiler turístico, como Airbnb o Booking, y a los fondos de inversión por contribuir al aumento de los precios. A esto se suma que la construcción no ha recuperado los niveles anteriores a la crisis financiera de 2008, mientras el crecimiento de la población y la formación de nuevos hogares aumentan la demanda, especialmente en Madrid, Barcelona, las islas y el litoral mediterráneo.

La pelea por el poder

Las elecciones generales se dan después de que el Congreso rechazara las medidas de Sánchez para afrontar la crisis de vivienda. El dirigente socialista, en el poder desde 2018, busca renovar su mandato en medio de escándalos de corrupción que afectan a personas de su entorno, una legislatura marcada por la fragilidad parlamentaria y el desgaste de su coalición. Las encuestas sitúan al conservador Partido Popular (PP), liderado por Alberto Núñez Feijóo, por delante del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), aunque sin garantizarle una mayoría absoluta por sí solo. Una encuesta de 40dB publicada por El País y la Cadena SER el 9 de octubre atribuye al PP un 31,9% de intención de voto y al PSOE un 28,1%.

En tanto, Vox, la formación de extrema derecha liderada por Santiago Abascal, también gana peso en la contienda. El sondeo le otorga un 18,9% de intención de voto, cinco décimas más que en la medición anterior, y una estimación de entre 63 y 74 escaños. Vox centra parte de su discurso en el rechazo a la inmigración y reclama que se dé prioridad a los españoles en el acceso a recursos y servicios.

El bloque progresista, por su parte, afronta dificultades por la fragmentación de las fuerzas, pues la formación Sumar obtiene un 5,3% y Podemos un 2,3%; juntas sumarían un 7,6%, lejos del 12,3% que alcanzaron en 2023.

A la tensión política se suman la crisis migratoria de Ceuta, donde continúan las dificultades tras la llegada masiva de migrantes desde Marruecos a finales de julio.

“Personas de 40 años tienen que compartir piso”

La crisis de vivienda en España también se siente en Sevilla, donde alquilar una habitación en un piso compartido puede costar hasta 500 euros mensuales. Así lo cuenta a La República Juana Gallego, periodista peruana que vive en la ciudad y que observa las dificultades para encontrar alojamiento a precios accesibles. Aunque todavía existen opciones económicas, advierte que algunas no cuentan con todos los servicios. “Hay compañeros que están pagando aquí en otros barrios, que son más caros, hasta 500 euros por una habitación en un piso compartido. Personas de 30 o 40 años que ya deberían tener su propio departamento, y tienen que compartir espacio todavía.”, explica.

Las protestas por el acceso a la vivienda también han llegado a Sevilla, aunque con una convocatoria menor que en Madrid, Barcelona y Valencia. Gallego cuenta que algunos manifestantes instalaron carpas en Las Setas, uno de los lugares emblemáticos de la ciudad, para expresar sus reclamos. Sin embargo, considera que las movilizaciones no han tenido la misma dimensión que en otras urbes españolas. “Sevilla no es una ciudad tan política como Madrid o Barcelona y tampoco es una ciudad tan grande,”, señala.

Para Gallego, el descontento con el Gobierno de Pedro Sánchez no se limita a los sectores de derecha ni a los simpatizantes de Vox, partido de ultraderecha. También alcanza, según su percepción, a ciudadanos que votaron por el presidente. “Lo que ha pasado con el Gobierno socialista de Sánchez es que se quedaban en discurso”, afirma. Sobre la crisis de vivienda, cuestiona la falta de decisiones claras y recuerda que las competencias están repartidas entre distintas administraciones: “Eso también le corresponde al ayuntamiento en el caso de Madrid. Acá en España se organiza con comunidades autónomas”.

Además, también apunta a la proliferación de los alojamientos turísticos y la llegada de nómadas digitales como otro factor que presiona el mercado inmobiliario. Según relata, algunos propietarios prefieren alquilar sus pisos a turistas antes que a residentes, porque pueden obtener mayores ingresos. “Hay muchas personas que vienen del norte de Europa, sobre todo de países nórdicos, que llegan aquí y lo que hacen es alquilar viviendas y pagar precios altos porque ganan más plata que los españoles. Los dueños de los departamentos dicen: ‘Puedo ganar más plata alquilando esto a un turista que a la gente de aquí que va a pagar poco alquiler’”, explica.

Gallego sostiene que esta dinámica afecta especialmente a las zonas más concurridas y al casco histórico de Sevilla, donde parte de las viviendas familiares se destinan al alojamiento de visitantes. “Sevilla es una ciudad eminentemente turística, el turismo mueve mucho dinero aquí”, señala.

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