El Colegio de la Inmaculada Jesuitas impulsa el aprendizaje de la agricultura mediante el proyecto “Huertos de la Inmaculada”, una iniciativa que permite a los estudiantes participar en el cultivo de alimentos, analizar las condiciones ambientales y transformar materias primas en productos para su comercialización. La propuesta busca acercar a los escolares a la producción alimentaria y ayudarlos a comprender la importancia del agua, el suelo y el clima.

En el marco del Día Mundial de la Alimentación, que se conmemora cada 16 de octubre, el proyecto destaca el valor de la agricultura como herramienta educativa. Los alumnos no solo aprenden a sembrar y cosechar, sino que también conocen las distintas etapas que permiten llevar los alimentos del campo hasta los consumidores.

La aplicación de estas tecnologías podría reducir aproximadamente en 50% el impacto de las altas temperaturas asociadas al FEN en las plantas de olivo. (Foto: Difusión) Nota relacionada

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Del cultivo a la ciencia: aprender fuera del aula

A través de los huertos, los escolares cultivan olivos, limones y paltas, además de participar en actividades relacionadas con la producción de miel e higos. Durante estas experiencias, observan los sistemas de riego, examinan las características del suelo y registran las condiciones del clima para identificar cómo influyen en el crecimiento de las plantas.

Max Carbajal, asesor de Ciencia y Tecnología del colegio, explicó que estas actividades permiten relacionar los conocimientos académicos con situaciones cotidianas. Los estudiantes miden variables, organizan datos, elaboran gráficos y comparan resultados para comprender cómo los recursos naturales influyen en la producción de alimentos.

El aprendizaje continúa después de la cosecha. Los alumnos participan en la elaboración de productos como aceitunas envasadas y mermeladas, además de involucrarse en tareas de organización, planificación y venta. De esta manera, conocen el proceso que convierte una materia prima en un producto con mayor valor comercial.

Los escolares cultivan olivos, limones y paltas, además de participar en actividades relacionadas con la producción de miel e higos, mientras analizan cómo el agua, el suelo y el clima influyen en el crecimiento de las plantas. (Foto: Difusión)

Cuatro claves para acercar la agricultura a los jóvenes

Carbajal propone cuatro acciones para llevar este modelo educativo a otros colegios y hogares, incluso cuando no cuentan con grandes terrenos. La primera consiste en elegir un cultivo y registrar periódicamente su crecimiento, relacionando los cambios de la planta con factores como la temperatura, el agua y las características de la tierra.

La segunda recomendación consiste en convertir el cultivo en una oportunidad para recopilar y comparar datos. Con esta práctica, los estudiantes pueden identificar cambios, analizar resultados y comprender cómo la información ayuda a tomar decisiones para mejorar la producción.

Como tercera medida, el especialista plantea enseñar las etapas posteriores a la cosecha, desde la transformación de los alimentos hasta su comercialización. Así, los jóvenes reconocen cómo los procesos de elaboración y conservación permiten obtener nuevos productos y generar valor.

Finalmente, recomienda proponer situaciones que exijan tomar decisiones frente a problemas ambientales, como las olas de calor o la escasez de agua. Los estudiantes pueden analizar sus efectos y plantear alternativas para proteger los cultivos, fortalecer sus conocimientos y comprender los desafíos que enfrenta la producción alimentaria.

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