La primera lección que recibe el simio Rotpeter no ocurre en una academia, sino en cautiverio. Herido, encerrado y sin una salida visible, comprende que no podrá recuperar la libertad por la fuerza. Entonces observa. Imita. Aprende. Durante casi cinco años modifica su cuerpo, su conducta y su manera de hablar hasta convertirse en un humano. Esa historia escrita por Franz Kafka, “Informe para una academia”, llega desde el 2 de octubre al teatro Ricardo Blume.
En escena, el relato se cuenta como Kafka lo imaginó. Rotpeter, capturado en la Costa de Oro, en África Occidental, se presenta ante los miembros de una academia científica para explicar cómo dejó de ser mono. Pero hay una particularidad, pues no lo hizo porque quisiera ser humano, sino porque necesitaba encontrar una forma de libertad. Bruno Odar, con 39 años de trayectoria, interpreta en solitario esta transformación, tan absurda como perturbadora, que pone al descubierto los aspectos más incómodos de la naturaleza humana.

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