Antes de saborear las mieles de la fama y el reconocimiento internacional, Nahuel Pennisi cantaba acompañado de su guitarra en la concurrida calle Florida en Buenos Aires. Su talento interpretativo lo llevó años después a debutar en el prestigioso Festival de Folklore de Cosquín, certamen en el que llamó la atención de grandes figuras de la música argentina; quienes lo apadrinaron para que emprendiera una carrera con todas las de la ley.
Hoy, con tres nominaciones al Latin Grammy y varios premios Carlos Gardel por su música, el cantautor argentino, ciego de nacimiento,conversa con Correo sobre su más reciente álbum en el que rinde homenaje a Mercedes Sosa y en el que interpreta el repertorio de una de las voces fundamentales de la música latinoamericana.
El álbum propone escuchar las canciones de Mercedes en tu propio registro, estilo y sensibilidad, sin intentar copiarla.
La idea siempre fue hacer un disco con la impronta de ambos: por un lado, lo que representa Mercedes —que es algo increíble, único e indescriptible—; y por otro, lo que yo podía aportar desde lo que fui aprendiendo y los riesgos que la música me enseñó a correr.
Mercedes es una gigante y rendirle tributo era un reto por las inevitables comparaciones. ¿Cómo lo asumiste?
Sabía que se iba a sentir que no era una imitación, sino una forma de agradecerle a través de estas versiones y de contar cómo influyó en mi carrera. Cuando la descubrí, fue como si apareciera una brújula en mi vida artística; mis papás escuchaban rock y, al descubrir a Mercedes por la radio, se me abrió un mundo nuevo que me cambió la vida.
¿Llegaste a escucharla en vivo en algún momento?
No tuve el agrado de escucharla en vivo ni de conocerla en este plano, por eso el disco tuvo esa magia de imaginarmelo. Para mí Mercedes es una leyenda viva que sigue estando conmigo cada vez que la escucho en la radio, en un disco o al interpretar sus versiones.
El repertorio de Mercedes Sosa es extenso, ¿cómo llegaste a elegir solo diez canciones?
Empezamos con una lista enorme de unas 40 canciones, pero el disco habría sido eterno. El filtro principal fue lo emocional: pensar en mi vida personal, en lo que Mercedes significaba para el niño que fui y en las canciones de esa época. Mercedes nos enseñó a ser versátiles y a cantar siempre lo que se siente.

¿En qué momento de tu vida decides dedicarte profesionalmente a la música?
Un punto de quiebre fue cuando tocaba en las peatonales de Buenos Aires; en el 2007 empecé a tocar en la calle Florida y ahí descubrí que la música era mi vocación y mi camino de vida, no solo un pasatiempo.
Esa exposición te ayudó a encontrar a gente que te dio la mano.
La música funciona así: surge una complicidad entre artistas para ayudarse y dar oportunidades. La música es sabia, siempre necesita renovarse y buscar otras voces.
¿Te sorprende a dónde has llegado?
Aunque uno trabaja para crecer y compartir la música con la gente —que es el sueño de todo artista—, no deja de sorprenderme. La música me ha llevado a conocer países, ciudades y personas que antes creía inalcanzables, y estoy muy agradecido con referentes como León Gieco, Teresa Parodi o Luis Salinas por haberme dado un lugar importante.
Hay cantantes que dudan dedicarse al folclore por miedo a ser avasallados por los ritmos de moda. Creo que hay público para todo, aunque esos ritmos masivos se escuchan un montón, lo importante es preguntarse por qué uno quiere hacer música, más allá de una estrategia comercial o de qué funciona mejor. Si hiciera un disco de otro género tal vez estaría bueno, pero no me conectaría tanto con lo que realmente disfruto: conectar profundamente con la gente y transmitir un sonido de raíz con instrumentos de cuero, teclas y el instrumento humano más puro que es la voz.
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