La frase ‘En este buque nadie se rinde’ es una de las expresiones más patrióticas, aunque poco difundidas, de la historia del Perú. Fue pronunciada el 8 de octubre de 1879 durante el combate de Angamos, hace 147 años, un episodio trascendental de la Guerra del Pacífico.
Mira también:Aquel día, frente a Punta Angamos, el monitor Huáscar se enfrentó al fuego de los blindados chilenos Cochrane, Blanco Encalada y el transporte Loa.
Poco antes de las 10 de la mañana, una bomba del Cochrane destruyó la torre de mando del Huáscar y se cobró la vida del en ese entonces capitán de navío Miguel Grau.
La pérdida de su líder no intimidó a la tripulación. El segundo comandante del buque, Elías Aguirre, tomó el mando, pero murió poco después a causa de otra explosión.

Tras la caída de Aguirre por orden de jerarquía, Melitón Carvajal asumió en medio de la metralla, quedando herido y fuera de combate.
Proclama heroica
Cuando la bandera peruana cayó al romperse la driza, el teniente primero del Huáscar, Enrique Palacios, a pesar de estar gravemente herido, se puso de pie y ayudó a levantar el pabellón nacional gritando: “¡En este buque nadie se rinde!”, antes de seguir combatiendo con heroísmo.

Con el monitor destrozado, se intentó abrir las válvulas para hundirlo, pero las fuerzas chilenas lo abordaron antes de que naufragara. Con Angamos terminó la campaña naval, pero inmortalizó a Grau como el ‘Caballero de los Mares’ por su caballerosidad y destreza táctica.
¿Qué pasó con Enrique Palacios?
Palacios recibió heridas en todo el cuerpo y sufrió una fractura profunda en la mandíbula. Tras la captura del monitor Huáscar, Palacios fue recogido casi moribundo por las fuerzas chilenas y llevado a bordo del blindado Cochrane.
Debido a su estado agonizante, los chilenos decidieron canjearlo por el teniente chileno Luis Uribe (quien estaba prisionero en el Perú). Lo enviaron de retorno a la patria, pero en el transcurso del viaje al Callao a bordo del vapor Coquimbo, Palacios falleció, tenía 29 años.
Sus restos llegaron al Callao el día 28 de octubre de ese año y recibió honores fúnebres de Estado en la Catedral de Lima al lado de los demás héroes de Angamos.
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