Durante mucho tiempo aprendimos a cuidar la salud mental solamente cuando algo se rompe. Buscamos ayuda cuando la ansiedad ya no nos deja dormir, cuando el cuerpo comienza a expresar lo que hemos callado o cuando sentimos que simplemente no podemos más.

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Pero cuidar nuestra mente también debería ser un ejercicio preventivo. Así como realizamos chequeos médicos sin estar enfermos, necesitamos aprender a observar nuestro mundo emocional antes de llegar al límite.

Dormir mal durante semanas, vivir permanentemente irritables, perder el interés por aquello que antes disfrutábamos, aislarnos o sentir que todo nos sobrepasa no deberían convertirse en parte habitual de nuestra vida. Son señales que merecen atención y que, escuchadas a tiempo, pueden evitar un sufrimiento mayor.

La terapia no es únicamente un lugar al que acudimos para reparar heridas. También puede ser un espacio para conocernos, comprender nuestros patrones, fortalecer nuestros recursos y aprender a relacionarnos mejor.

No esperes a sentirte mal para empezar a cuidarte. La salud mental también se construye todos los días.

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