Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un tallarín al pesto con bistec a la parrilla. Para tomar pidió una jarrita de refresco de mandarina. “María, indignante lo que pasó en el caso de la violación a un estudiante del colegio Liceo Naval de San Borja.

Uno de los muchachos implicados, a quien un juez le dio libertad mientras se investigan los hechos, salió del país con su mamá. Todos los escolares implicados, incluidos los adultos que presenciaron la escena y no hicieron nada, aún corren el riesgo de ser privados de su libertad. El tema ha sumido en la preocupación, la vergüenza y el temor a sus familias.

Por eso, los jóvenes deben pensar bien lo que van a hacer en todos los órdenes de la vida. Todo tiene consecuencias, así sea por lo más pequeño que hagamos. Aparte, según la legislación peruana, que sean menores de edad no los hace inmunes a las sanciones, porque pueden acabar en un albergue como ‘Maranguita’.

Hay ir por la vida en el camino del bien. Pero sobre todo ser empáticos, pensar si lo que le voy a hacer a otra persona me gustaría que me lo hagan a mí.

La legislación penal peruana señala que, si se confirma la participación de menores en una presunta violación, podrían enfrentar penas de entre cuatro y seis años de privación de libertad. No irán a prisión, ya se ha dicho, sino a un albergue administrado por el Programa Nacional de Centros Juveniles (Pronacej). No se crea que esto es un club privado o una institución tipo colegio.

En el país, locales como ‘Maranguita’ son tan sórdidos o peor que cárceles tipo Lurigancho. Nadie quiere ir allí, donde pueden ser abusados sexualmente, golpeados, atemorizados y donde pasarán años sin ver a sus amigos, ir a una fiesta, tener enamorada o viajar fuera del país de vacaciones. Y todo por una maldad, por ser abusivos, autoritarios y nada empáticos.

Por eso, piensen bien antes de hacer algo como eso, o golpear, asaltar o extorsionar. Vayan a fiestas, enamoren, estudien, hagan deporte o viajen, pero sin hacer daño a nadie”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.

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