Keiko Fujimori llegó al Centro de Convenciones de Lima con un activo que ningún otro candidato en la historia reciente del Perú ha tenido: seis debates presidenciales de segunda vuelta. Eso no es experiencia — es un doctorado en el formato. Y sin embargo, lo que mostró el 31 de mayo fue una figura rígida, apegada a notas, con reflejos lentos y sin un solo argumento nuevo para el elector indeciso. En política, la repetición sin mejora no es estabilidad — es estancamiento. Un candidato que ha enfrentado este escenario seis veces y todavía necesita leer sus respuestas no está consolidando un liderazgo; está evidenciando que los años de campaña no se han traducido en dominio real de los temas que pretende gobernar.