El calentamiento del mar ya está modificando la distribución de peces, aves y mamíferos marinos en la costa peruana. Especialistas advierten que la menor disponibilidad de alimento, sumada a la pesca y otras presiones humanas, puede dificultar la recuperación de las especies.
A causa del Fenómeno de El Niño, las especies marinas ya están cambiando su distribución en busca de alimento. | Composición LRPor Luis AguilarViernes 02 de Octubre del 2026 · 11:12hEl Fenómeno de El Niño no solo calienta el mar. También está modificando el lugar donde viven y se alimentan varias especies del litoral peruano. El desplazamiento de la anchoveta —uno de los principales recursos de la cadena alimentaria marina— hacia aguas más profundas y zonas más australes obliga a otros animales a seguirla, cambiar de dieta o gastar más energía para conseguir alimento. Al mismo tiempo, especies asociadas a aguas cálidas aparecen con mayor frecuencia en sectores donde antes eran menos habituales. El resultado es un mar distinto, con peces que cambian de distribución y depredadores que deben adaptarse a esa nueva geografía.
Bajo este escenario, el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR) registró 4.091 animales marinos encontrados fuera de áreas naturales protegidas durante este 2026. De ellos, 4.004 fueron hallados muertos y 87 con vida. Áncash concentra la mayor cantidad de animales muertos, con 1.300 registros, seguida de Ica, con 660, y Piura, con 600. Estas tres regiones concentran alrededor del 64% de los ejemplares muertos reportados por la institución.
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La situación ocurre mientras la Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN) mantiene la Alerta de El Niño Costero. En sus últimos comunicados, la comisión ha advertido que las condiciones cálidas persistirán durante los próximos meses y mantiene un monitoreo permanente de la evolución oceánica y biológico-pesquera. En particular, sus evaluaciones han identificado una anchoveta norte-centro más profunda y replegada frente a la costa, además de una mayor presencia de especies asociadas a aguas ecuatoriales y oceánicas. Para entender lo que ocurre con la fauna marina, la clave está en mirar qué sucede primero con el alimento.
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La anchoveta mueve el mapa de la fauna
Uno de los principales cambios ocurre con la anchoveta, especie fundamental dentro de la cadena alimenticia marina. Durante eventos cálidos, puede desplazarse hacia aguas más profundas y hacia el sur. Ese movimiento modifica el lugar donde se alimentan especies como los pelícanos, guanayes, piqueros, pingüinos y lobos marinos.
“Todas las especies que se alimentan de peces presentan riesgo potencial de disminución poblacional ante la disminución de disponibilidad de cardúmenes”, explica Jesús Lescano, especialista de la fauna silvestre del SERFOR. Sin embargo, el Lescano precisa que no es posible calcular actualmente qué porcentaje de población podría disminuir, porque la respuesta depende de la capacidad de adaptación de cada especie e incluso puede variar entre individuos de una misma especie.
La disponibilidad de anchoveta tampoco determina por sí sola la supervivencia de estas especies. Lescano señala que los animales pueden consumir otras presas, como el pejerrey peruano o el mote camotillo. En consecuencia, aquellos individuos que logren cambiar de alimento pueden enfrentar el escenario de manera distinta a los que dependen en mayor medida de la anchoveta.
Puedes verEl pelícano peruano perdió casi el 40% de su población
La situación del pelícano peruano refleja cómo la combinación de fenómenos climáticos y enfermedades puede comprometer la recuperación de la fauna marina. Un estudio científico publicado en la revista Marine Ornithology, elaborado por Dra. Liliana Ayala y Gabriela Sandoval-Lázaro, identificó una reducción de entre 31,5% y 37,6% de la población de esta especie dentro de áreas naturales protegidas, luego de la coincidencia de la epidemia de influenza aviar H5N1, entre noviembre de 2022 y mayo de 2023, y el Fenómeno de El Niño costero, entre marzo de 2023 y marzo de 2024.
La investigación también recoge entre 40.000 y más de 47.000 muertes reportadas por las autoridades nacionales durante ese escenario. Para Ayala, docente a tiempo completo e investigadora asociada de la Universidad Científica del Sur, la preocupación está en que las poblaciones no cuentan con suficiente tiempo para recuperarse antes de enfrentar una nueva perturbación. “El tema es su frecuencia, que es cada vez más seguida. Los periodos de ocurrencia entre un episodio y otro son cada vez más cortos y, además, está presente la gripe aviar. No hay un descanso para las aves”, advierte la investigadora.
La afectación también alcanza el proceso reproductivo. Ayala explica que la muerte de ejemplares adultos durante la época de reproducción puede dejar a los polluelos sin atención y reducir las posibilidades de que lleguen a desarrollarse. Una situación que preocupa especialmente en colonias como la de Lobos de Tierra, entre Piura y Lambayeque, donde se han registrado afectaciones a los ejemplares reproductores.
La especialista añade que cambiar de presa no garantiza que las aves consigan alimentarse en las mismas condiciones. Aunque algunas pueden recurrir a otros peces cuando la anchoveta se profundiza o se desplaza hacia el sur, no todos estos recursos tienen el mismo aporte energético ni se encuentran en igual abundancia. Por ello, los animales que no consiguen alimento suficiente pueden debilitarse o morir.
A esta presión se suman actividades humanas que agravan la vulnerabilidad de la especie: la perturbación de las zonas de reproducción por visitas turísticas, la competencia por la anchoveta con la actividad pesquera y la captura ilegal de pelícanos, pese a que se trata de una especie protegida. Frente a ello, Ayala plantea evaluar medidas de conservación que incluyan una cuota o reserva de anchoveta para garantizar alimento a las aves guaneras, además de reforzar la protección de sus espacios reproductivos.
La advertencia de la investigadora es que la recuperación no depende únicamente de que el mar vuelva a condiciones normales. Si las enfermedades y las presiones humanas continúan, las poblaciones podrían no disponer del tiempo ni de las condiciones necesarias para recuperarse.
Los registros de SERFOR muestran que hasta el 22 de septiembre del presente año las aves más afectadas fueron el piquero peruano, con 953 individuos; el cormorán guanay, con 934; y el pelícano peruano, con 605. Lescano explica que durante un evento El Niño las variaciones oceanográficas pueden modificar la disponibilidad de alimento y provocar desplazamientos, debilitamiento, desorientación o mortalidad en algunas especies, pero existen otros factores que también deben ser considerados.
Aunque la cifra de 2026 es menor que los registros de 2022 y 2023, SERFOR señala que no es técnicamente adecuado establecer una comparación directa porque durante esos años la mortalidad de fauna marina estuvo fuertemente influenciada por el brote de influenza aviar H5N1, cuyo comportamiento epidemiológico es distinto al de las alteraciones asociadas al FEN.
Puedes verEl pingüino de Humboldt y el problema de encontrar alimento
La preocupación también alcanza al pingüino de Humboldt. Liliana Ayala advierte que su población habría pasado de un pico cercano a los 20.000 ejemplares a menos de 5.000. La especialista precisa que esta reducción no puede atribuirse únicamente al Fenómeno de El Niño, sino que responde a la acumulación de distintas amenazas, entre ellas enfermedades como la influenza aviar.
Para el pingüino de Humboldt, el desplazamiento de sus presas supone un desafío adicional. Si el alimento se encuentra más lejos o a mayor profundidad, el animal debe invertir más energía para conseguirlo o modificar su dieta. El problema es que esa capacidad no es igual en todos los individuos. Los animales jóvenes pueden tener menos experiencia y capacidad para realizar determinadas inmersiones, mientras que los adultos cuentan con mayores posibilidades de desplazamiento y búsqueda de alimento.
Además, estas especies ya enfrentan problemas de conservación. SERFOR recuerda que el pingüino de Humboldt, el pelícano peruano y el piquero peruano están categorizados como especies En Peligro de Extinción desde 2014. A esta situación se suman la sobrepesca, las redes de enmalle, la pesca incidental, la pérdida de hábitat y la perturbación humana en sus zonas de reproducción. Por ello, la continuidad de las condiciones cálidas podría agravar una vulnerabilidad que ya existía antes del actual evento climático.
Además, el mismo principio se observa en los lobos marinos. “Los adultos tienen la capacidad de bucear hacia aguas profundas, por lo que tienen mayores probabilidades de obtener alimento, mientras que los juveniles o crías que no han desarrollado esas habilidades sufrirán un impacto mayor”, señala Lescano.
Puedes verNo todas las especies pierden: algunas se desplazan hacia aguas más cálidas
El calentamiento del mar no provoca que todas las especies disminuyan. Mientras los peces de aguas frías buscan condiciones más favorables, otras especies propias de aguas cálidas incrementan su presencia en el litoral peruano. Jefferson Yunis, investigador titular de la Universidad Científica del Sur, médico veterinario y PHD en acuicultura, explica que este cambio responde a la mayor influencia de las aguas ecuatoriales y a la alteración de las condiciones habituales de la corriente de Humboldt.
“La anchoveta, el jurel y la caballa se desplazan hacia el sur o buscan mayores profundidades para encontrar temperaturas más bajas”, señala Yunis. En contraste, especies como el perico, la lorna, algunos tollos y las langostas pueden aparecer con mayor frecuencia en zonas donde antes no eran habituales.
Esta modificación también repercute en la actividad pesquera. La anchoveta es uno de los principales recursos de la pesca industrial peruana, por lo que su desplazamiento dificulta encontrar los cardúmenes en las zonas habituales de captura. “Cuando la anchoveta se profundiza o se va más al sur, ya no está disponible de la misma manera para la pesquería”, explica el especialista.
Sin embargo, Yunis precisa que estos cambios en la distribución de los peces no necesariamente son permanentes. Cuando las condiciones oceanográficas se normalizan y se fortalece nuevamente la corriente de Humboldt, las especies de aguas frías pueden retornar a sus zonas habituales.
El calentamiento del mar amenaza la producción acuícola
El impacto del Fenómeno de El Niño no se limita a los peces que viven libremente en el océano. El aumento de la temperatura también puede comprometer la producción acuícola, especialmente en zonas donde se cultivan especies sensibles a los cambios en las condiciones del agua.
Yunis advierte que las altas temperaturas reducen la concentración de oxígeno disponible en el agua y generan estrés en especies como la concha de abanico, cuyo cultivo tiene una presencia importante en Piura. “A mayor temperatura, menor disponibilidad de oxígeno en el agua”, explica el especialista. Según señala, algunas bahías de esta región ya presentan condiciones de bajo oxígeno, por lo que un incremento adicional de la temperatura podría agravar el problema y limitar temporalmente la producción.
La preocupación también alcanza a la crianza de truchas. En regiones como Junín, las lluvias intensas pueden arrastrar sedimentos hacia las piscigranjas y afectar las branquias de los peces, mientras que los periodos de sequía reducen el agua disponible para los centros de cultivo. En el lago Titicaca, el aumento de la temperatura representa otro factor de estrés para esta especie, que necesita condiciones de agua fría. Yunis advierte que, cuando el agua supera los 17 o 18 °C, las truchas comienzan a experimentar un estrés significativo, mientras que temperaturas mayores pueden elevar su vulnerabilidad frente a enfermedades.
El especialista también menciona riesgos para la producción de tilapia y peces amazónicos en San Martín y Loreto, donde las temperaturas elevadas pueden favorecer la aparición de problemas sanitarios. “El aumento de la temperatura genera condiciones que pueden afectar la salud de los peces”, sostiene.
Frente a este escenario, Yunis señala que la acuicultura puede aplicar medidas preventivas, como la vacunación, para reducir el riesgo de enfermedades. También plantea adecuar los calendarios de producción a las temporadas de menor temperatura, de modo que los ejemplares más vulnerables puedan criarse en condiciones ambientales favorables.
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El cambio del mar también llega a los mercados
La modificación de la distribución de los peces puede terminar reflejándose en los desembarques y, posteriormente, en los mercados y restaurantes. Cuando algunas especies tradicionalmente disponibles disminuyen o se vuelven más costosas, pueden ganar espacio otras especies que antes tenían una presencia menor. Entre las alternativas mencionadas por comerciantes y especialistas aparecen la berrugata, mocosa, viuda, dorada, cabeza dura, señorita, doncella y lorito.
El lorito, por ejemplo, suele tener mayor presencia durante periodos de aguas cálidas y puede utilizarse en preparaciones como ceviche, tiradito, sudado o chicharrón. Pero el aumento de su presencia durante un evento cálido no debe confundirse con un incremento permanente de su población.
En otras palabras, si el mar cambia su oferta, el mercado también cambia su menú. No significa que todas estas especies estén aumentando poblacionalmente de manera permanente. En muchos casos se trata de una modificación temporal de distribución y disponibilidad.
Tiburones y rayas también cambian de territorio
Los cambios oceanográficos también pueden modificar la distribución de tiburone y, rayas y otras especies marinas. Joanna Alfaro, bióloga e investigadora titular de la Universidad Científica del Sur, explica que en el norte del país se han observado especies que en años normales no eran tan frecuentes en las capturas de los pescadores. Entre ellas menciona algunas móvulas y el tiburón negro espinoso.
Lo que se observa principalmente es una modificación en su distribución, relacionada con las condiciones de temperatura y la disponibilidad de alimento. “En el caso de peces y, en este caso específico, tiburones y rayas, no es que represente un riesgo lo del fenómeno de El Niño, sino que van a distribuirse de manera diferente”, señala Alfaro.
Uno de los ejemplos que menciona es el tiburón martillo. Según explica, esta especie era observada en zonas más superficiales, pero ahora también está siendo capturada a mayor profundidad. “Antes se pescaba, por ejemplo, en la parte superficial de la columna del agua y ahora se están observando también en la parte profunda”, sostiene.
Estos cambios también tienen una repercusión para la pesca artesanal. La llegada de especies que no tienen demanda comercial puede reducir los ingresos de los pescadores, quienes deben asumir igualmente gastos como combustible y alimentación durante sus jornadas. Alfaro advierte que los cambios en la disponibilidad de especies también pueden modificar la oferta que llega a los mercados y plantea que los consumidores tengan cierta flexibilidad frente a esa variación.
A más largo plazo, la preocupación está en lo que ocurre si las nuevas condiciones ambientales se mantienen durante varios meses. La especialista explica que los primeros efectos pueden observarse en la distribución, pero que posteriormente podrían repercutir en la reproducción. “Al no poder encontrar sus zonas ideales, no van a encontrar alimento ideal como para, por ejemplo, tener un éxito reproductivo favorable”, advierte. Una menor reproducción podría terminar afectando la abundancia de las poblaciones, aunque esos cambios no necesariamente serían visibles de inmediato.
Puedes verDelfines y ballenas también modifican su distribución durante El Niño
A diferencia de las aves marinas y los lobos marinos, cuyos episodios de mortalidad pueden ser más visibles, los efectos en delfines y ballenas están relacionados principalmente con los cambios en la disponibilidad de alimento y las condiciones de temperatura.
Chiara Guidino, responsable de investigación de Biología Marina de la Universidad Científica del Sur y especialista en cetáceos, explica que los delfines pueden modificar su distribución cuando sus presas se desplazan hacia otras zonas. Especies como los delfines oscuros y las marsopa espinosa podrían desplazarse hacia zonas donde se concentran sus presas, por ejemplo más al sur o a mayor profundidad, para encontrar alimento.
Este comportamiento también implica un mayor esfuerzo para conseguir sus presas. “Hay más gasto de energía al buscar su alimento, hay menos alimento disponible”, advierte la investigadora. Sin embargo, precisa que los cetáceos tienen mayor capacidad de desplazamiento y pueden cambiar de presa, por lo que sus efectos no son necesariamente tan visibles como los registrados en aves y lobos marinos. “Esto no implica que el impacto (en cetáceos) sea menor, sino que es más difícil de detectar”, explicó
Los cambios también se reflejan en los avistamientos de especies tropicales. De acuerdo con una investigación publicada en la revista científica Mammalia por Cortez-Casamayor y otros investigadores, durante el fenómeno de El Niño de 2023 se registró un incremento de 85,3% en los avistamientos del delfín moteado tropical en el norte del país, en comparación con las temporadas anteriores. Asimismo, durante el actual episodio se han recibido más reportes de orcas por parte de pescadores y operadores turísticos. La especialista aclara que estas observaciones no significan necesariamente que las poblaciones hayan aumentado, sino que pueden responder a modificaciones en su distribución.
En el caso de las ballenas jorobadas, que llegan al Perú entre julio y noviembre para reproducirse, también se han reportado más avistamientos cerca de la costa de Lima. Guidino considera que este comportamiento podría estar relacionado con las condiciones de temperatura y no necesariamente con la búsqueda de alimento. Además, advierte que, si el calentamiento se prolonga, algunos podrían extender su área de reproducción hacia el sur y modificar sus recorridos migratorios habituales.
A largo plazo, la preocupación está en las consecuencias que estos cambios podrían tener sobre la reproducción. La especialista explica que recorrer mayores distancias para encontrar alimento y enfrentar una menor disponibilidad de presas puede afectar las condiciones de los animales. “El efecto principal en los cetáceos va a ser el cambio en su distribución”, sostiene. Aunque todavía existe poca evidencia para establecer cuánto podrían disminuir sus poblaciones, Guidino advierte que las alteraciones en la alimentación y el desplazamiento también podrían repercutir en su éxito reproductivo.
El problema no acaba cuando termine El Niño
Una de las principales advertencias de los especialistas es que la recuperación de una población no ocurre inmediatamente después de que las condiciones del mar vuelven a la normalidad.
Los peces pueden regresar relativamente rápido a determinadas zonas cuando cambian las condiciones oceanográficas. Pero las aves y mamíferos marinos necesitan reproducirse y recuperar sus poblaciones, un proceso que puede tomar varios años.
Por ello, la preocupación no está únicamente en cuánto dure el actual FEN, sino también en cuánto tiempo tendrán las especies para recuperarse entre una perturbación y otra.
SERFOR: el desafío es reducir las amenazas humanas
Para Jesús Lescano, el Fenómeno de El Niño debe entenderse como un proceso natural que forma parte de la historia evolutiva de las especies. La respuesta, por ello, no pasa por intentar controlar un fenómeno natural, sino por reducir aquellas presiones que sí pueden ser modificadas por el ser humano.
“Deberíamos enfocarnos en controlar aquellas amenazas de origen humano, a fin de permitir que las especies de fauna silvestre cuenten con las condiciones adecuadas para su recuperación poblacional posteriormente al FEN”, sostiene el especialista.
La sobrepesca, las redes de enmalle, la pesca incidental, la pérdida de hábitat, la perturbación de las zonas reproductivas y otras actividades humanas pueden reducir la capacidad de recuperación de las poblaciones.
El dato de los 4.004 animales encontrados muertos muestra la dimensión de los hallazgos registrados por SERFOR, pero no permite afirmar que todos hayan muerto por El Niño. El desafío para los investigadores será determinar cómo responden las distintas especies mientras las condiciones cálidas persistan y, sobre todo, qué ocurre con sus poblaciones cuando el océano vuelva a enfriarse.
El mapa de la fauna marina peruana, por ahora, sigue moviéndose. Y detrás de cada desplazamiento de los peces también se mueve toda una cadena de especies que depende de ellos.
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