Christian Wagner fue durante años ‘el Loco’ de la televisión. El de la broma rápida, la entrevista impredecible y el desparpajo frente a cámaras. Pero hay otro Wagner. Uno que canta desde niño, que armó una banda con amigos, que hizo de la música un refugio y que, a los casi 50 años, acaba de entrar a Bareto.

No lo tenía planeado. La propuesta llegó de Rolo Gallardo, líder de la agrupación y amigo suyo desde hace años. Ambos habían compartido escenario en Los Fabulosos Primos, la banda que Wagner formó en 2011 y que empezó como una reunión entre amigos antes de convertirse en algo más serio.

NUEVA ETAPA

“Rolo me dijo un día: ‘¿Qué te parece si ingresas a Bareto?’. La propuesta me encantó, pero cantar cumbia era otro rollo. Le dije que aceptaba si podía hacerlo a mi estilo. Jair tiene una voz más cercana a la cumbia tradicional y la mía es más aguardientosa, más particular. La idea era que ambas convivieran y se complementaran”.

Cinco meses después, Wagner ya se siente parte de Bareto. Canta, baja del escenario para mezclarse con el público y vive una etapa que define con una sola palabra: renacer.

Ese renacer también viene acompañado de aprendizaje. Wagner nunca pasó por un conservatorio ni tuvo formación profesional como cantante. La música llegó primero como una afición y, con los años, terminó convirtiéndose en una presencia constante en su vida.

“He cantado desde que tengo uso de razón. Siempre me gustó, aunque durante mucho tiempo fue más un pasatiempo. No soy cantante de formación ni pretendo decir que lo soy. No vengo de un conservatorio. Si me lo hubiera propuesto quizá habría seguido ese camino, pero mi historia con la música ha sido otra”, cuenta.

Entrar a Bareto también significó enfrentarse a un género que conocía más desde afuera. Durante años entrevistó a figuras de la cumbia en televisión y siguió de cerca ese circuito, pero nunca lo había vivido desde el escenario.

“Siempre me gustó escuchar cumbia, pero una cosa es oírla y otra muy distinta cantarla. Ese ha sido el verdadero desafío”, reconoce.

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Algunas canciones también lo obligaron a buscar nuevas formas de acomodar su voz. Cuando una nota se eleva más de lo que su registro le permite, recurre a armonías y octavas para resolverla. No intenta imitar a quienes ocuparon antes ese lugar en la banda, sino encontrar una manera propia de habitarlo.

De Mauricio Mesones, por ejemplo, habla con admiración.

“Es un cantante de formación, mucho más técnico. Sus atributos van por otro lado y, además, tiene un carisma natural increíble. Le tengo muchísimo aprecio y admiración”, señala.

DOS MUNDOS

Más que sentirse “el nuevo” del grupo, Wagner intenta que dos identidades convivan sin opacarse. De un lado está Bareto, con más de dos décadas de historia. Del otro, ‘el Loco”, con una energía y una manera de conectar con el público que ya forman parte de su sello personal.

“Hay que hilar fino. Bareto no se puede comer a ‘el Loco y ‘el Loco’ no se puede comer a Bareto”, resume.

Esa convivencia se siente, sobre todo, en el escenario. Wagner salta, corre, baja a cantar entre la gente y, a veces, termina incluso sin polo. No es una pose, dice, sino la forma en que siempre entendió el vínculo con el público.

“Mi rollo siempre ha sido la cercanía con la gente. Quiero que todo sea una fiesta. Termino abajo, cantando con ellos, porque canto con el corazón. Lo dejo todo en la cancha”, confiesa.

NUEVOS CAMINOS

“Los caminos de la vida” marca su debut en estudio como vocalista de Bareto, aunque la canción no le era ajena. Ya la había interpretado antes con Los Fabulosos Primos.

Tampoco era la primera vez que compartía escenario con la agrupación. Años atrás, Bareto lo invitó a cantar en La Noche de Barranco. Esta vez, sin embargo, ya no está de paso.

Para Wagner, ocupar hoy un lugar en Bareto también implica una responsabilidad. Conoce la historia de la banda desde sus inicios, siguió de cerca sus cambios y sabe lo que representa.

“Yo vi nacer a Bareto y he visto todos sus procesos. Sé lo que significa. Por eso tomo este proyecto con muchísimo entusiasmo, pero también con respeto. Por los galones que tiene musicalmente, siento que debo estar a la altura”, afirma.

Con Los Fabulosos Primos, admite, había más espacio para la “chacota”. Bareto exige otra entrega.

LO QUE VIENE

El camino recién empieza. Bareto ya mira hacia nuevos escenarios fuera del Perú mientras trabaja en el que será su próximo disco. No hay apuro, dice Wagner. Antes de pensar en fechas o lanzamientos, la prioridad es que las canciones convenzan primero a quienes las están creando.

“Queremos sacar un disco sólido, en el que todos estemos contentos con las canciones y con la producción. La idea es publicar algo que realmente nos haga felices”.

Esta vez, además, no solo pondrá la voz. Wagner también empieza a escribir para la banda y ya tiene dos composiciones propias entre el material que vienen trabajando.

Para quienes lo conocieron únicamente como ‘el Loco’ de la televisión, esta etapa podría parecer una reinvención. Para él, sin embargo, no hay nada nuevo en ella. Es, más bien, la parte de su historia que durante años permaneció lejos de la mirada pública y que ahora encuentra finalmente un lugar al frente del escenario.

“Hay gente que recién está descubriendo esta faceta mía, pero la música siempre estuvo ahí”, dice.

Con su ingreso a Bareto, Wagner no siente que haya llegado a un destino final. Prefiere pensar en probar, equivocarse y volver a empezar.

“Esto es un renacer de ‘el Loco’. Siento que estoy en un momento importante a mis 50 años y eso está buenísimo. Puede sonar cliché o cursi, pero eso de que nunca es tarde aplica perfectamente a lo que me está tocando vivir”, concluye.

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