Como tantas veces lo ha hecho antes, el hombre mira detenidamente el cuadro que cuelga en su hogar. Lo contempla y disfruta con paciencia, un detalle a la vez. La escena es bella y está cargada de significado: el momento en que San Francisco de Asís recibe los estigmas en el monte Alverna, Italia, en 1224. De pronto, el hombre encuentra un detalle que hasta ese momento no había advertido: dentro de la escena del cuadro se aprecia una pequeña biblia; y en el lomo de esta, más pequeña aún, una inscripción que parece decir “Doménikos Theotokópoulos”. Así firmaba El Greco.
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Fue ese detalle casi imperceptible el que disparó la alarma del hombre, propietario del cuadro durante muchos años. ¿Podría ser esta obra un original del famoso pintor cretense? A simple vista, el estilo es más o menos evidente: los personajes de figura alargada y bien definida, las cabezas pequeñas, los rostros afilados. Pero podría tratarse de una mera copia, la obra de algún discípulo de su taller. En algún momento, incluso, la pintura llegó a atribuirse a un anónimo de la Escuela Cusqueña.
Para comprobar o descartar que se tratase de un Greco, había que someter la obra a una serie de pesquisas que involucraron a historiadores, curadores, restauradores, químicos y biólogos. Fue hace diez años que comenzaron a realizarse los estudios y los resultados recién ahora han empezado a revelarse.

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