Después de encarnar a personajes oscuros y explosivos, Vasco Rodríguez llega a “La vida que me robaste” como Hugo, un joven enamorado, protector y criado entre privilegios. El cambio, confiesa, le resulta más difícil que interpretar la locura. Sobre este nuevo momento profesional, la incertidumbre que acompaña al oficio, su deseo de emprender y una idea que durante años rechazó —formar una familia— conversó con El Comercio.
A Vasco Rodríguez todavía lo llaman “el loco” cuando lo reconocen por la calle. El apodo se lo debe a Benjamín Chirinos, el perturbador personaje de “Al fondo hay sitio” cuya obsesión por July terminó en acoso, amenazas y secuestro. El papel no solo quedó grabado en la memoria del público, también terminó asociándolo a personajes intensos, impredecibles y capaces de cruzar fácilmente los límites.
“No me quejo de esos personajes. Yo los abrazo. Me divierto un montón siendo villano. De hecho, me gusta más que hacer de galán porque hay más matices. Como actor es más divertido”, reconoce.
Ahora le toca cambiar de piel. En la telenovela de Del Barrio Producciones interpreta a Hugo, un economista criado entre privilegios y miembro de una familia accionista de una aerolínea. Está enamorado de Melissa (Merly Morello) y, a diferencia de los personajes que Vasco venía encarnando, esta vez no hay oscuridad ni amenaza escondida detrás de sus gestos.
“Su mayor pecado, por ahí, es tener muchísimo dinero”, bromea. “Crecer en cuna de oro hace que obvies ciertas cosas. Es parte de la crianza. Pero es una persona buena, generosa. Está enamorado de verdad”.
A diferencia de su personaje, Vasco aclara que no creció entre privilegios. Tampoco se reconoce del todo en la imagen del galán impecable.
“Yo, en el día a día, soy más piraña, más bromista. Soy galán a mi manera. Yo te fastidio, te hago bromas para enamorarte”, aclara.
EL CUERPO ACTÚA
Si con Hugo el trabajo está en la contención y la sutileza, los personajes más extremos le exigen a Vasco recorrer el camino contrario.
Para acercarse a situaciones que nunca ha vivido, parte de emociones que sí conoce. Si el guion plantea una pérdida, busca en su memoria algún dolor propio. Si debe encarnar a un hombre capaz de secuestrar en nombre del amor, intenta primero comprender su lógica interna, incluso antes de juzgarla.
“Yo nunca he secuestrado a nadie, obviamente. Pero si el personaje está enamorado y piensa que hace algo por el bien de la otra persona, en mi cabeza tengo que decir: ‘No estoy haciendo nada malo, estoy haciendo esto por tu bien’. Tengo que empezar a creérmelo”, explica.
Y entonces entra el cuerpo. La respiración se altera, la tensión aumenta y la mirada también comienza a contar la historia. Para Vasco, la emoción debe sentirse físicamente.
“La respiración me ayuda mucho para entrar en un estado de sobreoxigenación y eso me genera algo corporalmente. Hago presión para que los ojos se me revienten un poco, porque todo es captado por la cámara. A veces incluso me genero un par de arcadas para entrar en esa intensidad”, confiesa el actor.
OFICIO INESPERADO
Nada de esto figuraba en sus planes cuando era adolescente. Vasco quería ser futbolista, pero cuando empezó a pensar seriamente en ese camino sintió que ya había pasado la edad en la que debía haber comenzado a formarse. Terminó el colegio sin tener claro qué rumbo tomar y llegó al teatro casi por descarte. En casa tampoco había demasiada convicción. Su madre asociaba la actuación con ser payaso o comediante y dudaba de que su hijo tuviera la “pasta” necesaria para dedicarse a ese oficio.
“A los 17 años hice mi primera audición para entrar al taller de David Carrillo. Recuerdo que me temblaban las piernas. Después ingresé a la universidad, pero no pude terminar la carrera porque no había dinero para seguir pagándola”, relata Rodríguez.
Entonces apareció “De vuelta al barrio” y su vida cambió considerablemente. No solo porque comenzó a ser reconocido. También porque pudo contribuir económicamente en casa después de una etapa difícil. Más adelante tomó sus ahorros y se fue cerca de un año a Argentina, donde llevó talleres y siguió formándose
Volvió al Perú para grabar “Tus amigos nunca te harían daño”, una película de ViX que finalmente no llegó a estrenarse. Poco después regresó a la televisión y, con ella, apareció el personaje que terminaría marcando una nueva etapa en su carrera y convirtiéndolo, para buena parte del público, en “el loco”.

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