CienciaJapón se equivocó y pagó las consecuencias: envió a la criatura equivocada para erradicar las serpientes y provocó un desastre que tardó casi 50 años en solucionarse

Los animales se multiplicaron rápidamente y comenzaron a atacar a otras especies nativas de la isla.

Japón llevó 30 mangostas a una isla para cazar víboras venenosas. Foto: ShutterstockPor Renzo LozaDomingo 27 de Septiembre del 2026 · 22:04hgoogle iconLa República en Google

En 1979, unas 30 mangostas fueron introducidas en la isla Amami Ōshima, Japón, con el propósito de controlar a la habu, una víbora venenosa presente en este territorio. Sin embargo, el plan no funcionó como las autoridades esperaban y el nuevo depredador comenzó a afectar a la fauna nativa.

El error tuvo consecuencias especialmente graves para especies que solo habitan en esta región. Entre ellas figuraba el conejo de Amami, un mamífero endémico cuya presencia había vuelto a despertar interés por su conservación. Mientras las serpientes permanecieron en la isla, las mangostas encontraron otras presas y su población creció hasta alcanzar unos 10.000 ejemplares en el año 2000. Japón necesitó décadas de trabajo para revertir el impacto provocado por aquella intervención.

¿Cómo las mangostas terminaron convirtiéndose en una amenaza?

La medida partió de una lógica aparentemente sencilla: incorporar un depredador capaz de cazar a las serpientes habu y disminuir así el riesgo para los habitantes. Cerca de 30 mangostas llegaron a Amami Ōshima en 1979. El problema apareció por una diferencia fundamental en sus hábitos. Estos mamíferos desarrollan principalmente su actividad durante el día, mientras que las víboras son sobre todo nocturnas, por lo que ambas especies coincidían mucho menos de lo previsto.

El conejo de Amami, es un roedor de aspecto prehistórico que habita que solo existe en la isla Amami-Oshima. Foto: Wikimedia

El conejo de Amami, es un roedor de aspecto prehistórico que habita que solo existe en la isla Amami-Oshima. Foto: Wikimedia

Ante la dificultad para capturar a las habu, las mangostas encontraron alimento entre animales autóctonos más accesibles. La intervención destinada a controlar una especie pasó entonces a amenazar el equilibrio ecológico de la isla. El conejo de Amami quedó entre los ejemplares afectados, junto con otras especies endémicas y en peligro de extinción.

La población invasora, además, se expandió con rapidez. Para el año 2000 ya se calculaban alrededor de 10.000 individuos en Amami Ōshima. Las serpientes que motivaron el proyecto original continuaban presentes, pero ahora las autoridades afrontaban otro desafío: eliminar al animal que ellas mismas habían llevado hasta ese ecosistema.

¿Cómo logró Japón erradicar las mangostas?

Japón inició en 1993 una estrategia destinada a controlar la proliferación de estos mamíferos. El operativo adquirió mayor alcance con el paso de los años e incorporó unas 30.000 trampas, además de cámaras equipadas con sensores para detectar ejemplares. Los habitantes también participaron mediante el grupo especializado Amami Mongoose Busters, dedicado a localizar y capturar a la especie invasora.

El esfuerzo se prolongó durante décadas. La última captura oficial ocurrió 25 años después del inicio de las acciones de control señaladas en el reporte. Para febrero de 2023, las estimaciones situaban la probabilidad de erradicación entre el 98,8% y el 99,8%, un margen que todavía exigía comprobar que no quedaran poblaciones capaces de reproducirse.

Finalmente, el Ministerio de Medio Ambiente de Japón declaró oficialmente erradicada de Amami Ōshima a la mangosta introducida. Aunque las trampas pudieron retirarse, las cámaras permanecieron como herramienta de vigilancia ante una posible reaparición. El caso dejó una paradoja ambiental: el depredador llevado a la isla para combatir a la habu desapareció tras décadas de esfuerzos, mientras que las serpientes que originaron aquella decisión no fueron eliminadas.

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