En La Punta existe un proyecto para construir un muelle flotante, pero la candidata Marisol Gabilondo no está de acuerdo.
Marisol Gabilondo es punteña y quiere incluir a los vecinos antes de tomar las decisiones ediles | La RepúblicaDifusiónPor Alejandro Céspedes GarcíaDomingo 27 de Septiembre del 2026 · 12:43hComo parte de Elige Bien 2026, la plataforma electoral de La República, conversé con la teniente alcaldesa y candidata de Unidad y Paz sobre su plan alternativo para los pescadores del distrito, y sobre su otra apuesta: convertir las casonas abandonadas de La Punta en galerías de arte, al estilo de Barranco o Miraflores.
¿Por qué quiere ser alcaldesa de La Punta?
La Punta siempre se ha caracterizado por ser un sitio seguro, ordenado, donde todos nos conocemos, casi como tíos, primos y sobrinos. Eso ha ido cambiando: casi el 40% de los habitantes son adultos mayores, y el resto ha ido llegando de afuera con las nuevas construcciones. Es momento de retomar nuestra casa. La Punta es nuestra casa, y las playas son nuestro patio, nuestra playa particular. La compartimos con la gente, pero la cuidamos tanto que no podemos permitir que se cambien costumbres que antes no teníamos. Recibimos mucha gente de afuera porque los partidos políticos grandes imponen cosas, no somos un distrito autónomo. La idea del punteño no es política, el que entra de alcalde es más vecino que político, y ahí es donde se malogra el pueblo.
¿A qué costumbres se refiere?
En La Punta siempre se han hecho fiestas representativas del distrito, como los carnavales o la Noche Veneciana en las playas, y antes eran puros punteños con amigos. Hoy en día va mucha gente desconocida: en una fiesta encuentras un 20% de vecinos y el resto ya no es del barrio. El vecino ya no está sintiendo ni compartiendo nuestras costumbres, se están perdiendo. Los visitantes son bienvenidos, pero lo disfrutan más que el mismo punteño. El sábado hubo un concierto de rock con bandas de mi época, como Río, y de gente menor, como Mar de Copas, y fue lindo ver la cantidad de gente punteña que había. Ahí nos dimos cuenta de que el punteño quiere eso, algo que lo identifique.
¿Cree que el vecino punteño no está participando en las decisiones de la municipalidad como debería?
Porque no se les está tomando en cuenta. Los temas políticos en el distrito no se manejan por partido, se manejan por vecino. Al vecino le gusta que sus autoridades le avisen, por ejemplo, si van a construir un edificio al costado de su casa. Si de la noche a la mañana le pones un letrero, el vecino se siente aislado, sin voz: se entera de una obra recién cuando ponen la primera piedra. Es una acción impuesta, impositiva, en la que los vecinos deberían estar incluidos.
Hay un proyecto de muelle flotante para La Punta. ¿Cuál es su perspectiva?
No es un espigón, lo que quieren poner es un muelle flotante. Yo particularmente haría embarcaderos para los pescadores, que son las personas que llegaron primero a ese distrito, antes que nosotros, y hoy se les trata con mucha indiferencia. Falta principio de autoridad: si eres autoridad, das una ordenanza, indicas cómo deben funcionar las cosas, y al que no cumple se le saca del lugar. Acá se ha hecho todo lo contrario, han esperado que pase algún problema para, de frente, querer cortar cabezas. El pescador dejó la pesca desde la pandemia, y con el cambio climático la actividad ha bajado más; por eso encontraron una forma de vida con los paseos en bote por la bahía, y no tienen ningún puente propio. Además tenemos vecinos que practican sandfish, vela, remo, kayak y paddleboard, un grupo de personas náuticas que también quiere un muelle, y en verano llegan academias de natación, de sandfish y de vela que llenan la playa. Hay que ordenar los deportes náuticos, pero construir un muelle no sería bueno: tenemos clubes como Universitario, Regatas, Unión y el Canotieri que podrían alquilarles el puente. Nuestras playas ya se han achicado con los maretazos y los oleajes anómalos. Meterle ahí un muelle flotante, aparte de antiestético, no es funcional, cuando se puede encontrar otra forma.
Compite contra varios candidatos, entre ellos el de Renovación Popular. ¿Por qué usted sería mejor candidata?
Yo ahorita estoy de licencia, hasta el 4. Soy la teniente alcalde del distrito, entré invitada a esta gestión y nunca me inscribí en el partido; actualmente estoy en Unidad y Paz, inscrita hace casi tres años. Considero que soy la candidata porque soy una persona muy frontal, muy transparente. Nunca he visto La Punta ni los temas de la municipalidad como un lucro, yo me dedico a otras cosas. Desde que empezó mi gestión vi que las cosas no iban como yo pensaba: no éramos una entidad autónoma, siempre había alguien arriba dirigiendo los caminos del distrito, los partidos grandes. Yo nunca me inscribí con Renovación Popular porque desde el sexto mes de mi gestión ya tenía diferencias, no con el alcalde como persona, sino como gestor: no estaba de acuerdo con la gente que trabajaba con él, con los gerentes. Mi labor era fiscalizar, y eso no le gustó; quedé un poco aislada, pero no dejé de cumplir mi función. El candidato de Renovación Popular, Renzo Figallo, vivió su adolescencia y niñez en La Punta, y ha regresado este año para postular. La campaña está recontra dura, con memes y troles, hasta avergüenza salir a las redes; no voy a pelear con el trol ni con el meme, aunque pongan fotos de mis hijos y mis nietos. No quiero que mi distrito llegue a esto, es una degradación. Renovación siempre ha sido visto como un partido responsable, pero en el Callao no se está viendo bien: los partidos se están usando por intereses personales, ahí no está el vecino.
¿Y el tema del presupuesto?
Si te dijera que en un distrito de diez cuadras este año estamos recibiendo 52 millones de soles anuales, deberíamos vivir como reyes; sin embargo, tenemos de las peores pistas. Los gastos corrientes se van en planillas, porque tenemos 900 empleados en un distrito de diez cuadras. No es la idea de entrar y sacar a la mitad de la gente de un momento a otro, hay que hacer una reorganización, aunque reducir ese gasto es complicado. El distrito necesita que los vecinos se sientan contentos con sus autoridades, que salgan a la calle y se sientan bien en seguridad, que no les corten la luz una o dos veces al mes por el tema de la humedad y los cableados mal instalados, o que tengan un sistema de agua que a veces ya no aporta. Cada tres meses rompen las pistas y las veredas, encima que ya están malas, y no hay una denuncia formal ante las entidades responsables porque la municipalidad, que es la usuaria, no denuncia.
¿Cuál es su visión de La Punta?
Queremos que La Punta vuelva a ser lo que los vecinos desean, que sean felices, que disfruten el distrito. Darles la bienvenida a la gente y tener algo que ofrecerles, no un distrito sucio y roto, porque tenemos hermosas playas. Hay que crear espacios turísticos: tenemos restaurantes que la municipalidad debería incentivar con un sello municipal, y hacer convenios con el resto del Callao para armar una ruta turística, porque hoy solo tenemos, en la entrada, la Torre de la Marcela, de las batallas del 2 de mayo. Y lo que más me interesa, en vez de construir más obras, es recuperar áreas verdes: La Punta ya no tiene dónde tirar más cemento. Tenemos casonas hermosas, la mayoría de propietarios adultos mayores, en las que vamos a invertir junto con los vecinos para convertirlas en galerías de arte, como pasó en Barranco o en Miraflores, para que la cultura regrese al distrito.
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