Alonso Cueto es un escritor que se siente cómodo deambulando por las calles y secretos del pasado, pero no es por eso un nostálgico. Porque de esa materia pretérita sabe hacer algo presente, cercano y ágil al momento de narrar. Sin embargo, no hay que confundir agilidad con ligereza: en sus últimos libros ha dotado a sus eficaces fabulaciones de una conciencia colectiva y de una meditación continua acerca de la verdad y el mito, la heroicidad y la duda, la pasión vitalista y la violencia del paso de las cosas. Ha renovado una suerte de costumbrismo entre nosotros, uno que se perfila en el aliento de la crónica y la curiosidad por el repertorio privado de mujeres que han sido parte de la historia y al mismo tiempo de lo ensoñado.
“Memorias de una limeña” es la última entrega de esa secuencia que también es una búsqueda. Su personaje central, Adriana Verón, es una mujer que, próxima a cumplir 70 años, emprende la redacción de sus memorias, no con el objetivo de relatar peripecias y anécdotas, sino con el de hallar una identidad que de una u otra manera le ha sido esquiva siempre. Desde esa premisa podemos entrever la postura de Adriana, la de alguien que se refleja en el otro para definirse y redefinirse. De ahí la presencia de una serie de nombres determinantes del siglo XX peruano (Valdelomar, Vallejo, Mariátegui, etc.) que no son meras figuras itinerantes en la trama, sino personalidades cuya resonancia y contacto impactan en Adriana y por lo tanto la hacen legítima hija de su época.
Porque se ha dicho que esta es una novela de época. Más bien es la novela sobre un paraíso perdido que se reconstruye con una parquedad cómplice: uno de los recursos más característicos de Cueto, quien se apoya en un oficio consumado para crear escenas e imágenes de una remarcable concreción y precisión. Aunque no hay nostalgia en ese acercamiento, sí se cuelan resabios de melancolía en algunas páginas cuando se evoca la cultura peruana de los años veinte y los treinta: es entonces cuando la memoria se vuelve refugio consolador y cuando “Memorias de una limeña” alcanza sus mejores pasajes.
Dejadas en claro la eficiencia y la singularidad de Cueto dentro de nuestra ficción histórica, conviene preguntarse qué lugar ocupa el sendero que ha trazado en el bosque intrincado de nuestra tradición. Esta mirada al pasado, fascinada, atenta y en general amable no debe ser considerada reaccionaria, pues en ella refulge una admiración por la rebeldía y por lo que necesita ser fundado para que el progreso encuentre su cauce. Lo encomiable de esta apuesta no son sus temas de fondo, sino la transparencia de esa visión turbulenta y diversificada en multitud de destinos y acontecimientos. De ese modo, Alonso Cueto ha hecho de su obra un mosaico vívido y palpitante del país, fruto de un esfuerzo que consolida a quien es uno de los narradores más importantes de los últimos 40 años, al margen de gustos o pareceres.
“Memorias de una limeña”
Autor: Alonso Cueto
Editorial: Literatura Random House
Año: 2026
Páginas: 368
Relación con el autor: cordial
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