El Gobierno ha anunciado que la remuneración mínima pasará de S/ 1,130 a S/ 1,300 en dos tramos: los primeros S/ 100 se aplicarían entre octubre y noviembre, y luego vendrían S/ 70 adicionales. Ahora resulta que, para decidir cuándo aplicar este segundo tramo, se evaluará la magnitud y los efectos del fenómeno El Niño. Suena razonable. Tan razonable que surge una pregunta incómoda: ¿por qué ese mismo análisis no se hizo para los primeros S/ 100? Es como salir de casa sabiendo que puede llover y decidir llevar paraguas… pero recién para la segunda mitad del camino. El Niño no apareció ayer. La pesca ya viene sufriendo sus efectos: la primera temporada de anchoveta en la zona norte-centro fue suspendida y luego concluida, y el sector corre el riesgo de prácticamente perder el año si las condiciones impiden una segunda temporada. El agro, por su parte, es especialmente vulnerable a las alteraciones climáticas. Según AGAP, la producción de diversos cultivos podría caer en volumen entre 20% y 30%, con implicancias también sobre los precios. Por eso sorprende dividir el análisis. Los S/ 170 representan un incremento de alrededor del 15% de la RMV y, además, el salario mínimo sirve de referencia para otros costos. En el agro, por ejemplo, la bonificación BETA equivale al 30% de la RMV. Nadie discute que queremos mejores salarios. La pregunta es cómo lograr que sean sostenibles, acompañados de productividad y más empleo formal. Es positivo que se quiera establecer una metodología técnica que considere productividad y contexto económico para futuros aumentos. Quizás habría sido útil estrenarla con este. Porque si El Niño merece cautela para los S/ 70, cuesta entender por qué no la merecía para los primeros S/ 100.
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