Tras cuatro años de ausencia, Karina Jordán regresa a las telenovelas con “La vida que me robaste”, un melodrama clásico en el que interpreta a Mariana, una mujer que vive una condena injusta que la lleva a prisión, y sobre todo, sufre el alejamiento de sus hijas. La actriz considera a la función del arte escénico como una herramienta para cuestionar los comportamientos más oscuros de la sociedad y reafirma la vigencia de las telenovelas por reflejar realidades crudas que a menudo superan a la ficción. “El personaje es un regalo para cualquier actriz porque tiene muchas aristas; me hace recordar un poco a la historia de El conde de Montecristo, dice Jordán.

Esa ausencia de la televisión durante algunos años, ¿se debió a falta de ofertas, a que no te convencían las historias o a que estabas haciendo mucho teatro?

La televisión requiere como mínimo un compromiso de cinco a seis meses y al principio no podía tomar trabajos de tanto tiempo por una cuestión de permisos de residencia en Alemania, donde vivía la mitad del año. Hubo dos intentos o coqueteos para dos proyectos televisivos, pero durante los dos primeros años venía solo para proyectos teatrales puntuales, en los últimos dos años quise enfocarme en desarrollar mi carrera como actriz de teatro. Luego de conversar y ponernos de acuerdo con mi esposo, fui pasando temporadas más largas fuera de Alemania hasta que decidí quedarme.

Regresemos a la telenovela, Mariana es una víctima del dinero y de una justicia que se vende.

Al leer los guiones resulta interesante cómo se muestra que el dinero hace que la justicia opere de manera diferente a favor de quien lo tiene. Como consecuencia, la historia presenta héroes o heroínas que funcionan como antihéroes, con matices oscuros y lejos de ser personajes perfectos.

" Hay muchísima gente que sufre y sobrevive a diario en familias destruidas por decisiones complejas", dice Karina ´Jordán, "Mariana" en "La vida que me robaste".
" Hay muchísima gente que sufre y sobrevive a diario en familias destruidas por decisiones complejas", dice Karina ´Jordán, "Mariana" en "La vida que me robaste".

¿Cómo abordas la interpretación de personajes complejos, como el de Mariana, para que el público logre conectar con ella?

Creo que es fundamental conectar con el lado oscuro que todos tenemos, ya que nadie es totalmente bueno ni totalmente malo. Para que el público se identifique, los personajes deben reflejar humanidad; por eso, como intérprete busco acceder a ese lugar donde mi labor es defender a mi personaje, incluso cuando realiza actos difíciles de defender. Siempre intentamos comprender las razones detrás de las acciones humanas y qué puede llevar a una persona a deshumanizar a otra, tal como ocurre en la historia con las hermanas que crecieron juntas.

¿Muchas veces se califica a los melodramas como exagerados, pero sientes que la realidad supera a la ficción?

Definitivamente, la realidad siempre va a superar a la ficción. Aunque como espectador se pueda pensar que nadie sufre tanto o que una situación es extrema, hay muchísima gente que sufre y sobrevive a diario en familias destruidas por decisiones complejas. El melodrama sigue vigente precisamente porque la vida misma es un melodrama.

En la historia, la conducta de tus hijas no es la esperada, producto de la ausencia de la verdadera madre.

En la ficción se muestran situaciones reales como el bullying escolar, donde a alguien le hacen la vida imposible por su clase social o por estar becado. Aunque existe la idea de que los hijos son siempre el reflejo de la educación que reciben en casa, no siempre es así. Hay casos en los que los padres hicieron todo lo posible y el hijo toma un mal camino por problemas psiquiátricos.

Con un personaje tan intenso ¿cómo manejas el desgaste y cuál es tu dinámica de trabajo con los directores?

Aunque la jornada laboral provoca fatiga por su intensidad, logro hacer el cambio para regresar a mi casa tranquila, no me llevo el personaje. En cuanto a la dirección, no me agrada trabajar con directores “titiriteros” que lo marcan absolutamente todo, para mí es un trabajo colectivo: me gusta llegar con el texto estudiado y una propuesta clara. Lo más enriquecedor ocurre cuando se cruza mi propuesta con la visión de la dirección para crear algo nuevo, aunque la última palabra siempre la tenga el director.

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