Cuando Andrea Cisneros volvió al Perú después de diez años, cargaba dos maletas. Había pasado buena parte de ese tiempo lejos de casa, entre la formación clásica, la ópera y Nueva York, donde estudió en la prestigiosa Escuela Juilliard. Volvió, sin embargo, no para recuperar lo que había dejado, sino para averiguar qué podía hacer con ello. En 2019 decidió abandonar la ópera y empezar de nuevo e, incluso, dejó de llamarse Andrea Cisneros y pasó a ser simplemente Andre. “Le dije a todo mi equipo que me lo debía y, como artista, sentía que tenía mucho por decir y, a pesar de que mucha gente me dijo que estaba un poco loca, persistí”, le cuenta a El Comercio. Hoy, ya es una de las nominadas peruanas al Latin Grammy.

El origen musical de la nominada al Latin Grammy

Hasta entonces, la ópera había sido el centro de su vida profesional. Su formación estaba construida alrededor del canto lírico, el piano y la tradición clásica, pero sentía que su música necesitaba otra dirección. Ya en el país, no se limitó a instalarse en Lima y decidió recorrer distintos pueblos de Ayacucho, grabando instrumentistas y sonidos, intentando escuchar las diferencias sonoras y de tradición que existen incluso entre los pueblos de un mismo departamento. Quería hacer un trabajo que abarcara lo etnográfico para que, luego, pudiera convertirse en música.

De ese recorrido nació “Sagrado Corazón”, un álbum concebido bajo la estructura de una ópera y construido alrededor de tres pilares: de dónde viene, lo que siente que es hoy y hacia dónde quiere ir. El primero es el Perú y su riqueza musical; el segundo, su formación clásica; el tercero, la fusión y la búsqueda de un lenguaje propio. “Quería que este disco representara los tres pilares de mi carrera”, explica. “Quería que todo sea orgánico y que no se sienta forzado”.

Y en esa mezcla, explorando sus influencias y gustos, caben Michael Jackson, Yma Súmac y Beyoncé. Andre toca el piano y se formó en la música clásica, pero entiende la variedad como una forma de riqueza. En “Sagrado Corazón”, el español convive con el quechua y canciones como “Chaka” profundizan en ese vínculo con sus raíces. El proyecto llegó a Times Square y Andre fue incluida por Billboard en su selección On The Radar. Después apareció “Sagrado Corazón: The Baroque Edition”, destacada por “Rolling Stone”, como una extensión del diálogo entre su pasado clásico y la música de raíz.

Andre: Una artista que honra sus orígenes

Pero detrás de esa trayectoria hay una historia menos visible: la de una familia que aprendió a acompañarla desde lejos. Cumpleaños, navidades y finalmente una graduación que sus padres no pudieron compartir con ella. “Tuve que hacer tantos sacrificios como estar lejos de la familia y perderme fechas importantes”, recuerda.

La llegada a Nueva York había sido, además, una apuesta que sus padres ni siquiera conocían de antemano. Andre investigó todo lo necesario, preparó la audición para Juilliard y se jugó lo que tenía. “Yo creí en mí. Me fui a Nueva York, y puse todo de mí para la audición en Julliard. Por suerte todo salió bien”. Cuando finalmente ingresó, llamó a sus padres para contarles su travesía con un ingenuo pero esperanzador mensaje desde el otro lado del teléfono: “Hola, estoy por aquí”.

La anécdota tiene algo de aventura y algo de sacrificio. Una hija que se marcha a otro país sin saber exactamente qué encontrará y unos padres que reciben la noticia cuando el viaje ya se ha convertido en realidad. Su padre no alcanzó a acompañarla en todos los lugares a los que llegó. Cuando Andre recibió la noticia de su nominación a los Latin Grammy 2026, pensó inmediatamente en él, quien ya no la acompaña en esta vida.

Lo más importante: la familia

“Lo primero que pensé cuando recibí la nominación fue en mi papá, que aunque ya no está con nosotros fue pieza clave en mi formación musical. Sé que estaría muy orgulloso de mí y me diría: ‘Hijita, tanto escuchar Celia Cruz, Nelson Pinedo o Benny Moré… mira a dónde te ha llevado esto’”.

“La Puñalá” –nominada como Mejor Canción de Raíz– comenzó con esa herida. Andre se sentó a escribir y, poco después, tomó un café con su amiga Nuria Azzouzi. En una hora tenían una canción. Ander Nemowave, productor vasco, ayudó a llevarla hacia su forma definitiva. El cajón fue el punto de partida; después llegaron el flamenco, el bombo legüero y el quechua, trabajado junto a Carmen Cazorla Zen.

La canción terminó condensando aquella experiencia íntima y llegó luego a los Latin Grammy. Y allí están, de alguna manera, las dos maletas con las que Andre volvió al Perú: los pueblos de Ayacucho, los años de ópera, Nueva York, los cumpleaños perdidos, la llamada inesperada a sus padres y las canciones que escuchaba con su papá antes de saber hacia dónde podían llevarla.

EL DATO

La gala de los Latin Grammy se celebrará el próximo 12 de noviembre en Las Vegas.

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