Tu cerebro no funciona igual a las dos de la madrugada que a las dos de la tarde, y investigadores quieren entender por qué.
La idea parte de nuestros ritmos circadianos, ciclos de 24 horas que regulan el sueño, la atención, el estado de ánimo y muchas funciones corporales.
Un trabajo publicado en Frontiers in Network Physiology propone que permanecer despiertos durante la noche puede alterar cómo procesamos emociones, recompensas y decisiones importantes.
Los autores llaman a esta propuesta “la mente después de medianoche” y aclaran que todavía se trata de una hipótesis que necesita más pruebas experimentales.
Durante el día, nuestro cerebro está preparado para mantenernos despiertos y activos, mientras que por la noche muchos de esos sistemas cambian para favorecer el sueño.
Si seguimos despiertos durante esas horas, podríamos funcionar en un momento en que nuestra biología está menos preparada para controlar impulsos y regular emociones negativas.
Los investigadores señalan que por la noche tendemos a prestar más atención a estímulos negativos, mientras disminuye nuestra capacidad para evaluar algunas situaciones con calma.
Esto podría tener sentido desde una perspectiva evolutiva, porque nuestros antepasados enfrentaban mayores peligros durante la noche y necesitaban reaccionar rápidamente ante posibles amenazas.
Ese estado de alerta puede resultar poco útil en el mundo moderno, especialmente cuando además acumulamos varias horas de falta de sueño.
La combinación de cansancio y ritmo circadiano podría modificar los sistemas cerebrales relacionados con la recompensa, haciendo que ciertas decisiones arriesgadas parezcan más atractivas de lo habitual.
Al mismo tiempo, regiones vinculadas con el autocontrol pueden funcionar peor, reduciendo nuestra capacidad para detener impulsos o pensar en las consecuencias de una acción.
Los científicos relacionan esta posibilidad con datos que muestran más conductas problemáticas durante la noche, incluyendo consumo de sustancias, alimentación impulsiva, violencia y conductas autodestructivas.
Por ejemplo, varios análisis han encontrado que el riesgo relativo de suicidio aumenta durante las horas nocturnas, especialmente cuando se considera cuántas personas permanecen despiertas entonces.
También existen investigaciones que han observado un mayor riesgo de sobredosis de opioides durante la noche, aunque otros factores sociales y ambientales pueden influir.
Eso significa que no podemos atribuir estas conductas al reloj biológico, porque permanecer despierto de madrugada también suele acompañarse de insomnio, estrés o consumo de sustancias.
Los investigadores creen que los cambios nocturnos en dopamina, serotonina y noradrenalina podrían contribuir a modificar nuestro ánimo, motivación y capacidad para evaluar recompensas.
La falta de sueño también puede empeorar el problema, porque reduce todavía más el control cognitivo y aumenta la sensibilidad emocional cuando el cerebro necesita descansar.
Sin embargo, los propios autores reconocen una limitación importante: faltan experimentos que separen los efectos de estar despierto de noche de los efectos del cansancio.
Tampoco sabemos exactamente cómo se adaptan quienes trabajan regularmente de noche, como médicos, pilotos o personal de emergencia, cuyos horarios desafían constantemente estos ritmos biológicos.
La propuesta no dice que después de medianoche todos tomemos malas decisiones, sino que nuestra biología podría volvernos más vulnerables cuando permanecemos despiertos durante nuestra noche biológica.
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