Tomás Suárez-Vértiz lleva un apellido que abre puertas, pero también despierta expectativas. Cada vez que sube a un escenario, la comparación aparece. Está en el parecido físico con su padre, en las canciones que el público todavía le pide y en quienes esperan encontrar en su voz algo de Pedro. Él no intenta escapar de eso. Tampoco quiere vivir únicamente allí.

“No busco imitarlo. Yo tengo mi propia voz, mi propio cuerpo, mis propias cuerdas vocales. Entiendo perfectamente que soy una persona diferente”, afirma.

Esa búsqueda de una identidad propia toma forma en “Dejarlo todo”, su segundo sencillo después de “Lirios de papel” y una de las canciones que integrarán su primer álbum, que llevará su nombre.

La canción nació de una historia ficticia sobre un peruano que se enamora de una compatriota en Córdoba, Argentina. Desde allí plantea una pregunta sencilla, pero incómoda. ¿Cuánto estamos dispuestos a dejar atrás para alcanzar aquello que queremos?

“‘Dejarlo todo’ habla acerca de qué está dispuesto uno a dejar atrás con el fin de llegar o conseguir algo, a través de sacrificios”, explica.

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Nombre propio

Tomás reconoce que ser hijo de Pedro Suárez Vértiz le ha dado oportunidades y lo ha acercado a personas que conocieron y quisieron a su padre.

El Comercio: Debutaste muy joven, a los 19 años, y con eso llegaron comentarios de todo tipo: algunos alentadores y otros bastante duros. ¿Qué te molestó más: que cuestionaran tu trabajo como músico o que dijeran que tienes un espacio solo por ser hijo de Pedro Suárez-Vértiz?

Hay muchas puertas abiertas, mucho cariño y afecto. Los artistas me hablan muy bien de él, me dan consejos, me llaman para que toque con ellos. Es un privilegio”, señalasico.

Lo complejo llega cuando ese vínculo se convierte en medida de comparación. Hay quienes esperan que cante como Pedro o que reproduzca sobre el escenario aquello que alguna vez hizo su padre. Él prefiere tomar otra dirección.

“No soy un imitador de Pedro Suárez Vértiz. No trato de replicar un concierto suyo para que la gente vuelva a vivir lo que era un concierto de él”, sostiene. “Es extremadamente importante para mí que la gente tenga claro que soy un artista solista que hace música propia”, afirma.

Aprender sobre la marcha

Su camino empezó antes de que el público supiera que quería dedicarse a la música. Tomás llevaba ya algunos años tomando clases de canto y recuerda que su padre lo orientaba y procuraba que aprendiera con buenos profesores. Su primer concierto llegó el 1 de junio de 2024, cuando tenía 19 años.

Cuando mira fotografías y videos de entonces, reconoce a un artista todavía en formación.

“Me veía bastante amateur. Tocaba en los conciertos vestido como si saliera a comprar el pan”, recuerda sonriente.

Desde entonces ha trabajado su imagen, su presencia escénica y, sobre todo, su manera de mirar a quienes ya recorrieron ese camino. Dice que intenta mantenerse en “modo esponja”, aprendiendo de artistas nacionales e internacionales y escuchando sus consejos. Lo que más celebra es que el público empiece a entender que su propuesta no es un tributo.

Su proceso creativo tiene además una particularidad. Tomás no toca guitarra, aunque muchas veces se la acerquen en entrevistas o programas de televisión.

Refugio musical

Nunca aprendió a tocar la guitarra. Su instrumento fue siempre el piano. Empezó con uno antiguo que había en el departamento donde vivía. Primero lo exploró como un juego, casi por curiosidad, hasta que descubrió que entre aquellas teclas estaba el lugar desde donde quería crear. Hoy, el piano sigue siendo el punto de partida de sus canciones.

“Toco de oído. No sé leer partituras. Compongo en mi casa y el piano es mi instrumento. Quiero que esté toda mi vida”, cuenta.

Canciones propias

“Dejarlo todo” fue creada junto con los músicos que lo acompañan en vivo y ocupa un lugar especial entre sus composiciones.

“Es de mis canciones favoritas de toda mi vida”, reconoce.

Detrás de este nuevo proyecto hay meses de trabajo. Tomás cuenta que empezó a desarrollarlo en marzo de 2025, con sesiones de cuatro, seis y hasta diez horas en el estudio. El proceso incluye no solo este sencillo, sino las canciones que formarán parte de su disco. Hubo jornadas muy productivas y otras en las que se marchaba con la sensación de no haber avanzado.

Su primer álbum se irá descubriendo canción por canción. El repertorio transita entre el pop, el rock, las baladas y sonidos alternativos. Durante un tiempo incluso pensó llamarlo “Focus Group”, precisamente porque cada tema parecía explorar un territorio distinto. Finalmente eligió algo más sencillo y personal: Tomás Suárez Vértiz

Es un título que resume bien el momento que atraviesa. No pretende borrar lo que vino antes. De hecho, asegura que haberse convertido en músico terminó acercándolo todavía más a la memoria de su padre.

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“De todas las posibilidades del mundo y del universo, ser artista es la que más podría unirme con mi papá. Es a través de mi música y de su música, que la toco en vivo, que lo tengo más presente que nunca”, confiesa.

Ahora también lo emociona subir a un escenario, cantar algo que nació de él y descubrir que alguien entre el público ya conoce la letra.

“Poder hacer mi propia música, producirla de la manera que quiero y tocarla en un escenario, y que la gente reaccione… eso es lo que más me llena. Ese es mi combustible de vida”, dice.

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