El dinero siempre ha sido ese tema espinoso del que cuesta hablar, especialmente cuando compartimos la vida con alguien más. Durante generaciones funcionó bajo un statu quo predecible, pero hoy, con la transformación de los roles económicos y la ruptura de viejos esquemas, es un espejo incómodo donde pueden reflejarse nuestras inseguridades, expectativas y dinámicas de poder.

Hace poco, la noticia de que el clan Kardashian estaba preocupado por el romance entre Kendall Jenner y el actor Jacob Elordi encendió las alertas. Según filtraciones, la modelo estaría costeando gran parte de los lujos de la relación —desde hoteles hasta jets privados— debido a una brecha patrimonial abismal: se habla de unos 200 millones de dólares de fortuna para ella frente a los 4 millones de él.

Las reacciones en el internet no se hicieron esperar y dividieron a los usuarios: por un lado, quienes salieron a defender que “si ella tiene más dinero, cuál es el problema”, por el otro, cuestionamientos que señalaban al protagonista de Frankenstein como “mantenido”. Entre ese choque de opiniones, de inmediato salió a relucir la solución favorita de las redes sociales para evitarse problemas: el clásico “50-50”.

Sin embargo, este tipo de casos demuestra que una regla tan simple se vuelve infinitamente más compleja al llevarla a la vida real. Porque pagar exactamente la mitad no siempre significa que ambos estén aportando lo mismo, del mismo modo que quien pone más dinero no necesariamente está cargando con el peso real de la relación.

En una pareja, la matemática puede parecer sencilla, pero la sensación de justicia, en cambio, casi nunca lo es. Por eso, vale la pena preguntarnos, ¿es realmente justo dividirlo todo en partes iguales?

Muchos asumen que hacerlo así es la prueba absoluta de equidad y del amor moderno, pero en realidad, igualdad y equidad no son lo mismo.

Para entender por qué, hay que salir de la hoja de cálculo. Como explicó el psicólogo Álvaro Álvarez, de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, una relación no es una empresa, por lo que dividir todo por la mitad solo es verdaderamente justo si ambos parten de condiciones muy parecidas. “Si una persona gana tres veces más que la otra, un 50-50 puede representar un esfuerzo muy distinto para cada uno. Quizá uno paga sin alterar demasiado su vida y el otro se queda sin capacidad de ahorrar o atender necesidades personales”, señaló a Somos.

Dividir los gastos a la mitad puede parecer la solución más moderna y justa, pero cuando los sueldos son dispares, el clásico 50-50 suele convertirse en una trampa de estrés financiero.
Dividir los gastos a la mitad puede parecer la solución más moderna y justa, pero cuando los sueldos son dispares, el clásico 50-50 suele convertirse en una trampa de estrés financiero.

Leer artículo completo en elcomercio.pe →