Este Búho navegaba por las redes cuando se encontró un video conmovedor del gran actor Ramón ‘Chapana’ García y el creador de contenido Gerardo Pe. Se trataba de una campaña de prevención del suicidio. No pude contener una lagrimita después de ver el reel. Además del potente mensaje, queda claro que el talento del actor sigue intacto.
Recuerdo que hace algunos años pudimos conversar en su bar favorito, el Juanito de Barranco. Mientras tomaba un cafecito con su butifarra, el actor recordaba su azarosa vida. Pocas veces, como aquella vez, el artista desnudó su alma. A sus 72 años, entonces, casi a modo de catarsis, el maestro me contó pasajes pocos conocidos de su vida personal y profesional. Repasó esos caminos oscuros que transitó en su juventud, cuando estuvo sumergido en las drogas y el alcohol.
“¿Qué es tocar fondo? Es estar tres noches sin dormir drogándome y amanecer vomitado encima y con sangre por todos lados. Eso es. Yo no compraba un paquete, compraba bolsas. Iba al Callao y compraba dos o tres bolsas de pasta. Aparte, coca, marihuana. Todo lo habido y por haber”, reveló.
Pero fue en una de esas noches de desbande, en el trance psicodélico de los polvos, mientras convulsionaba en su cama con la garganta seca y el cerebro congelado, que del velador de su habitación cayó una foto. Era la foto de su madre. Ese instante fue revelador para García, porque entendió que no quería ser un miserable, que para eso no había nacido, que, como todos, tenía un propósito en este mundo. Entonces conoció a Dios y enderezó su camino.
No fue así de fácil, por supuesto. Fue un camino sinuoso, lleno de baches y tentaciones, de avances y retrocesos. “Mucho ejercicio físico, mucha oración. Rezaba. Yo rezaba todo el tiempo que salía a correr. Rezaba cada vez que venían los problemas. El deseo de tomar, de comenzar con el trago. Yo me he tomado 3 botellas de ron en una noche. Tomaba el ron como si fuera Coca Cola. Cuando estaba en esa situación rezaba y rezaba”.
Dios lo rescató y salvó del infierno, además el recuerdo y el amor por sus padres, pero también la actuación. Esa profesión a la que se dedica desde hace décadas. Su hoja de vida es tan extensa que faltaría espacio en esta columna para mencionar cada personaje que interpretó. Desde películas, series, novelas, hasta obras teatrales.
Aunque me confesó que le golpea en el ego que el público lo siga recordando únicamente como ‘Chapana’, de la histórica serie ‘Los Choches’, pero aseguró que es uno de sus personajes más entrañables. Así como el ‘Chato’ Campos en el policial ‘Gamboa’ o el teniente Huarina en la película ‘La ciudad y los perros’. Pero, sin duda, la cúspide de su carrera llegaría cuando participó en las dos series producidas por la cadena internacional HBO: ‘The young pope’ y ‘The new pope’, en donde interpretó al cardenal Aguirre.

En dicha producción actuó junto a Jude Law y John Malkovich y fue dirigido por el italiano Paolo Sorrentino, ganador del Oscar por el filme ‘La gran belleza’. Para el maestro, la obsesión o la pasión con que se trabaja es fundamental.
“¿Qué condiciones debe tener un buen actor? Bueno, primero el deseo obsesivo de actuar. La actuación no es una profesión, es una pasión. Si no lo haces de esa forma, no te dediques a esto”. Ramón García también vio el mundillo detrás de las pantallas. Recuerdo que me contó cómo grandes ejecutivos televisivos ofrecían mujeres, muchas de ellas estrellas de su canal, a productores y directores.
“Como si te dijeran ‘tenemos este menú’”, declaró. Entonces, para nosotros los periodistas que corríamos la cancha, aquello era un secreto a voces, murmullos en los pasillos, voladas sin confirmar, hasta ahora. Comentó sobre la famosa ‘lista negra’, esa censura que había contra los actores que reclamaban sus derechos, uno de los vetados fue el reconocido Enrique Victoria. Conversando sobre las producciones contemporáneas, no tuvo miedo en decir que el contenido televisivo ha venido a menos, lo dijo con conocimiento de causa.
“Me pueden tildar de paranoico, pero pienso, siento, percibo, intuyo, deduzco que hay una mano negra que quiere que nuestro pueblo siga ignorante, siga siendo estúpido”, soltó así de tajante.
La historia de Ramón García es la de un hombre que se sacude la miseria y renace hasta tocar la cima. Su rostro sigue siendo uno de los más reconocidos en este país. Su historia es la de un artista con vocación, dedicado a su oficio sin cuestionamientos, porque desde que pisó un escenario por primera vez supo que ese era su destino, su forma de ser y hacer feliz. Fue un hippie que recorrió Latinoamérica en tiempos de dictaduras, un hombre atrapado en las garras de los vicios y hoy es un artista respetado, que hace honor a ese rótulo tan mancillado, vejado y denigrado. Larga vida a nuestro primer actor. Apago el televisor.
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