En “Mis Montañas”, el geólogo Benjamín Morales Arnao reflexiona sobre su trayectoria de 75 años recorriendo las montañas, destacando que su obra nace de la necesidad de ofrecer un registro auténtico y vivencial sobre los glaciares peruanos, fundamentado en su experiencia de campo y su formación técnica en San Marcos y Suiza.“Lo que me motivó a escribir este libro fue verificar que la información que se distribuye —tanto de fuentes oficiales como de investigadores nacionales y extranjeros— a veces no es acertada. Además, soy la única persona viva que ha recorrido y trabajado con todos los organismos relacionados con la problemática de los glaciares y lagunas en el Perú desde la década de los 50. El libro recoge exclusivamente mis vivencias y narraciones directas de lo que yo mismo he experimentado de primera mano”, dice Morales Arnao.

El título del libro denota una relación personal, emocional y muy íntima con las montañas, más allá de su valor geológico. ¿Cómo nació ese vínculo?

Así es, tengo una relación emocional muy estrecha con ellas.. Ese vínculo se remonta a 1941, cuando ocurrió el aluvión de Huaraz que destruyó la tercera parte de la ciudad. Pese a tener solo 6 o 7 años en ese momento, recuerdo perfectamente las imágenes de cuando huíamos hacia la parte alta cerca de las 7 de la mañana, mientras la gente corría en multitud gritando “aluvión”.

Usted ha presenciado de primera mano el retroceso glaciar. ¿Qué llamado de alerta plantea su libro frente a la crisis climática actual?

Entre la década de los 60 y la actualidad, el Perú ha perdido el 53% de su superficie glaciar a lo largo de sus 18 cordilleras, pasando de 2300 km² a solo cien y tantos km².. Esto representa un volumen inmenso de agua que no se volverá a recuperar, provocando incluso que algunas cordilleras hayan desaparecido por completo. El propio nevado Huascarán ha perdido la tercera parte de su superficie glaciar.

¿Ese escenario ante qué realidad nos enfrenta?

Esta pérdida no solo afecta las reservas de agua; el derretimiento acelerado por el aumento de temperatura, el cambio climático y el fenómeno de El Niño hace que los glaciares se movilicen más, incrementando severamente los riesgos de desastres y accidentes fatales en la montaña.

¿Podríamos estar frente al peligro de aluviones y aludes, como lo ocurrido recientemente en Nepal?

Cuando hablamos de catástrofes, hay que tener bien claro que en nuestro país, una avalancha del tipo Huascarán va a ocurrir, al igual que sucede con los sismos. No podemos predecir su fecha ni su magnitud exacta, pero en grandes cumbres el desprendimiento va a continuar; esperamos que los volúmenes no sean tan grandes como los del año 70, pero la ocurrencia va a darse.

La prevención es la única respuesta ante ese peligro inminente.

Lo fundamental es elaborar planos de riesgo mediante reconocimiento de campo, trabajo de gabinete e imágenes de satélite para determinar las superficies cubiertas y las poblaciones afectadas. A partir de ahí, debemos delimitar zonas de evacuación y ubicar zonas para la habilitación de viviendas

¿Qué se debe con los pueblos que están ubicados en zonas de riesgo?

Dado que la gente no suele querer abandonar sus pueblos —como ocurre en Mancos, el lugar por donde se sube al Huascarán—, se requiere una educación continua.. Mi planteamiento es que, al sonar la alarma de alerta temprana, la población evacúe hacia lugares seguros que cuenten con grandes almacenes, carpas para 1,000 a 4,000 personas, canales de agua y red eléctrica, dándoles un margen de 15 a 20 minutos para salvarse.

¿Cuáles son las zonas de mayor riesgo?

La Cordillera Blanca es la más vulnerable del mundo y requiere distinguir claramente entre avalanchas y aluviones glaciares. En segundo lugar están las cordilleras de Vilcabamba y Vilcanota en Cusco por sus zonas glaciares y lagunas, además de la zona de Arequipa con el volcán más alto de los trópicos. En todos estos lugares la investigación tiene que ser continua.

¿Cómo espera que “Mis Montañas” influya en las nuevas generaciones de geólogos y defensores del medio ambiente?

Yo espero que la juventud se dedique no tanto a la política, sino a la naturaleza. Las universidades deben orientar hacia el tipo de especialidades que hacen falta. Como el Perú es un país de riesgos geodinámicos (avalanchas, deslizamientos y terremotos), considero necesario formar más gente en geología y geofísica, otorgar mayor presupuesto a los organismos que estudian estos temas y contar con un núcleo especializado de investigadores.

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