A menos de un mes de las elecciones regionales y municipales, quisiera que los electores tengan en cuenta la importancia de su voto con relación a la seguridad ciudadana: que no les vuelvan a mentir con que esa tarea solo es del Gobierno Central. Eso es falso, y la narrativa viene desde aquellos que fueron alcaldes o gobernadores y no dieron la talla para reducir el impacto del crimen.

Los reflectores están en Trujillo, donde hace 20 años se creó el cuerpo de seguridad ciudadana para frenar el avance de la delincuencia común. Le pasaron el gorro a los contribuyentes y la municipalidad provincial se endeudó al subvencionar el sobrecosto del servicio. El resultado fue engordar la planilla edil con trabajadores del partido político que llegó al sillón edil, y otros empleados “fantasmas” que ni siquiera se asomaban por la oficina.

En otras municipalidades, en cambio, compraron motos y camionetas para cumplir con el patrullaje integrado, una buena idea que apoya logísticamente a los policías en la lucha contra el hampa. Y otros alcaldes replicaron la propuesta sin un plan estratégico. Resulta que adquirieron vehículos y no tenían personal para conducir, ni calcularon la compra de SOAT y otros equipos. Un fiasco total.

Entonces, uno puede darse cuenta de que algunos alcaldes son buenos para derrochar dinero, pero no para asumir la responsabilidad de su fracaso. Es cierto que combatir el crimen no es solo un trabajo edil, pero es el ente que conoce mejor las calles. Por lo tanto, la confección de la estrategia a favor de la seguridad ciudadana inicia en los salones municipales. Así que, estimados electores, ahora sabrán destinar bien su voto.

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