Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por unas hamburguesas de carne con arrocito y lentejas. Para tomar pidió una jarrita de anís. “María, increíble cómo las mafias han logrado penetrar al Estado en casi todos sus niveles.

Ya están en el Congreso, gracias a la minería ilegal, en las municipalidades, Ministerio Público, Poder Judicial, gobiernos regionales y ahora se sabe que también en la Policía. La prensa ha revelado que en Trujillo las organizaciones criminales pagan la inscripción en las escuelas de Policía de los postulantes para que estos se conviertan luego en informantes de los delincuentes.

Por eso urge reestructurar estas escuelas, hacer un filtro profundo o dar ese trabajo a agencias internacionales que no tengan sede en el Perú. No podemos permitir que quienes deben investigar los crímenes sean integrantes de bandas peligrosas.

Es tal el dinero que movilizan las mafias, en especial las de la minería ilegal, que fácil mueven voluntades o corrompen directamente a autoridades. No podemos caer al nivel de México, donde el narcotráfico tiene de su lado a presidentes de la república”.

“Si dejamos de combatir con todo al hampa nos espera un futuro horrible, con bandas armadas manejando ‘territorios liberados’, donde la prostitución, las drogas y la extorsión sean lo natural. Keiko Fujimori tiene la obligación de dar una vuelta de tuerca a esto. Mano dura desde el inicio, eso se necesita. Miren lo que pasa en Trujillo.

Cae ‘Jhonsson Pulpo’, se golpea a su banda ‘Los Pulpos’ y de inmediato sale a apoderarse de la ciudad ‘La Jauría’ de alias ‘Jolín’. Se debe aprovechar el convenio con Estados Unidos y que con la tecnología y experiencia del FBI y la DEA se capture a los cabecillas de las mafias.

Pero ahí no debe acabar el tema. Enciérrenlos de por vida en cárceles inexpugnables, donde nadie más los vea. Que los delincuentes tengan el miedo más terrible de ir a esas prisiones. Solo así tendremos una sociedad realmente segura, donde nadie sea extorsionado, secuestrado o asaltado”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.

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